El concepto de previsión para el yo propio.

 


El concepto de previsión para el yo propio.
 

La pre-visión es el antes del ver. A un antes le sucede un después y estos conceptos juntos y fragmentariamente pueden dar lugar a un elipsor. Hay una vinculación de la anterioridad del ver a la posterioridad de esa visión para que se defina la previsión. Por tanto, todo ver es prever. El prever es la anterioridad del ver, lo que significa que la acción del ver necesita de una anterioridad, la separación o el parar-se a la disposición, para que lo que se ve sea comprendido. Se habla del ver pero como una visión de significado de algo visto. El ver se comprende lleno de significado del espacio visual.

La acción del ver es un límite de significado. La misma acción limita el espacio geométrico por algo ya dado como comprendido y entendido. Se comprende y se siente por una intuición. La visión es una intuición y ésta es poder ubicarse. La visión sirve para la ubicación del yo propio conceptualizado. La visión no es solamente la vista de espacios geométricos, sino la comprensión de lo subterráneo de los espacios conectados entre sí como su expresión en relación al yo propio . Es la visión que sale fuera del sentido de la vista y de la representación, que no se limita a espacios geométricos o coyunturas extensivas. Estas coyunturas pertenecen a la visión que es un sentido de la percepción de formas extensas y magnitudes físicas. De esta misma surge el umbral, que salta el límite como magnitud, para comprender una relación determinante del yo propio como tiempo y como función. Pero esta visión se basa en una relación y la relación es la pre-visión.

La visión ubica al yo propio en un concepto entendido como una función de relación. Esa función se compone de fragmentos connotados, que otorgan un significado propio al yo, que es tiempo. El concepto permite al yo propio ubicarse en una propiedad de alcance, conforme a su conexión con la perpendicularidad plano/recta. En la misma ubicación se hallan los dos tipos de función relacional, lo horizontal del plano y lo vertical de la recta, cuya expresión es la perpendicularidad. Por ese motivo, la visión es perpendicular, ya que en ella misma está la intersección y donde funciona la relación conceptualizante. La idea diagramática común, que ordena el pensamiento por intensidades y extensiones, por trazos, mapas o diagramas, se convierte por medio de la perpendicularidad en la confluencia de los ejes en el punto cero. El punto cero es de la propia visión, que se desplaza dentro de la ubicación de propiedad conceptualizante. Ese desplazamiento ubicado del concepto funciona por la visión de las dos formas, aunque la visión supone un mayor esfuerzo de ubicación, ya que comprende lo subterráneo.

Lo subterráneo no es solamente lo que está debajo de la horizontalidad, sino lo oculto en la perpendicularidad. Es lo implícito del concepto, lo elidido que a la vez desplaza, que permite la función del punto cero. Es todo y nada a la vez. Es una relación. Lo subterráneo permite que lo elidido conceptualice desde el punto cero, se impulse y se mueva en la ubicación de propiedad, pero no es pensamiento ni intuición ni imaginación, aunque tenga un poco de cada uno de ellos. Solo tiene consistencia para el punto cero, que lo densifica en una función del tiempo propio. Siendo lo subterráneo relación su expresión es la perpendicularidad formada por el plano y la línea, donde esta línea es el conector, que se ejecuta en el punto cero. La expresión del punto cero es una función que depende del tiempo, pero no es un concepto. Por tanto, la perpendicularidad solo hace posible al concepto, así como a los elipsores, contextores, conectores que dependen de la función donde de (t).

La perpendicularidad no es solamente geométrica, es topológica, funcional y relacional. También equivale a la ortogonalidad de los espacios no geométricos (espacios de Rienman) a los espacios topológica de significación. Es una intersección móvil, espontánea y puntual con características vectoriales y funcionales. De la perpendicularidad surgen los productos escalares como ubicación de propiedad conceptualizante, donde estos productos escalares como vectores dependen de la función interpretativa del tiempo. Los productos escalares son el modo en que se manifiesta el punto cero a través de la visión estática del yo. Lo extensivo interpretado por la perpendicularidad de la visión estática tanto móvil como en reposo pero desde el punto cero del yo función tiempo. La perpendicularidad es la respuesta al conceptor del origen o principio del yo propio] 

La perpendicularidad también corresponde a una visión extática, a un umbral móvil, que no depende de productos escalares, extensivos o magnitudes, sino mas bien a otro tipo de expresiones o de densificaciones de área o de un espacio topológico. El punto cero de la perpendicularidad se densifica en un espacio topológico, que por definición es una curva. Un espacio topológico es una aplicación continua γ : [a, b] à E es como dije antes, una curva). Por eso, para espacios topológicos de expresión y significación que se densifican y generan por curvas se habla de un punto cero de ortogonalidad, donde la geometría es de Riemann que euclidiana. En realidad, son geometrías de significación real/abstractas donde el concepto se enlaza a la plasticidad, conectividad o conveniencia, con la capacidad de expresar una geometría de curva no euclidiana a partir de su propio contenido. Esa geometría como ortogonalidad y densificación aparece como un grafo (pliegue) con sus propiedades de conectividad, continuidad y convergencia, que en realidad son espacios topológicos de contenido y significación aunque sea fragmentaria.

 

 

Topología de la pre-visión.

 


La topología de la pre-visión es la visión de los grafos, su límite, su función y su densificación. La idea de una topología para el pensamiento procede de Deleuze en cuanto se refiere a una topología del pensar en el Foucault. Deleuze considera que esa topología del pensar en Foucault es el saber, el poder y el sí mismo como sujeto, donde toda densificación es una densificación topológica del pliegue reflexivo del afuera y el adentro sin intencionalidad.  

La idea de una topología para el pensamiento implica traspasar las propiedades abstractas de los objetos matemáticos al pensamiento filosófico. Una topología del pensamiento supone que hay una transformación, un devenir como explica Deleuze del movimiento histórico-cambiante y por qué no de sus puntos y líneas limíto-activos. Durante esta transformación, los significados y expresiones, no particularmente los objetos, cambian pero permanecen sus propiedades o muchas de ellas, para dar lugar a otra expresión. Pero Deleuze habla de significantes o significados, que limitan una determinación molar (significados y formas no sujetos a cambios) o de sentido si la individuación es molecular. Para los conceptos filosóficos, los perceptos o las funciones como functores, el espacio topológico del campo de contenidos o haecceidades, lo llama Superjeto. Lo que pretende Deleuze es que sea el pensar topológico, el que densifique los espacios/tiempos en nuevas expresiones de sus modos de creación, dentro de su peculiar ontología. Lo verdaderamente importante es que el objeto no pase a ser una mera contemplación o comunicación de significado o reflexión del sujeto en sí mismo.

De todas formas un yo reflexivo que se puede comprender a sí mismo e interpretar, aunque eso signifique una topología de reflexión. No porque el yo se piense a sí mismo reflexivo se constituye un objeto de superficie con un material de magnitud limitada. El yo se puede pensar a sí mismo como un espacio topológico, cuyas propiedades se traspasan permaneciendo inalteradas con transformaciones continuas. El yo tecnológico o mi yo gadget, mi yo conectado en la red, como una estructura de grafos, que forman un espacio topológico reticular o esférico, podría ser una expresión de esto.

Las propiedades que permanecen inalteradas en una topología son la conectividad, la convergencia y la continuidad, siendo esta propiedad muy importante por su relación con las funciones continuas. La topología estudia la continuidad de las funciones donde el yo es una función interpretativa del tiempo. Es una variable continua con un espacio topológico primordial y reflexivo, que es el yo mismo propio como yo funciono.

Como ejemplo topológico de un concepto es ll yo de Descartes que describe Deleuze. Para Deleuze es trascendente y separado, y solamente cuando tiende puentes hacia la res extensa sugiere una continuidad. Deleuze expone el concepto con un mapa, una cartografía que corresponde a unas ordenadas intensivas de pensamiento para plasmar un espacio topológico. Esta continuidad permite también una métrica y por tanto comprender los espacios métricos dentro de los espacios topológicos. Pero la conectividad puede estar al margen de la métrica y permite una relación directa, simultánea

El concepto de Cogito deviene o se convierte históricamente en una topología a través del concepto de mapa, que une los diferentes campos, pienso, existo dudo, soy que densifican a todos los componentes, sus ordenadas intensivas, para que de un modo cartográfico den lugar al concepto. A la vez es un diagrama de continuidad por las diferentes fases intensivas, lo que da lugar a ese concepto deviniente, que se cierra en sí mismo, dando lugar al concepto del Cogito de Descartes, de por sí mismo autorreferencial.

El Cogito cartesiano surge de un entrecruzamiento de síntesis pasiva dice Deleuze, es la memoria y el hábito que surge por repetición de esas síntesis pasivas la que da lugar a un yo que piensa pero en realidad es pensar a otro el de la memoria que es tiempo dice Deleuze. Esta memoria activa, la síntesis pasiva del hábito para dar lugar a una identidad del otro entre la síntesis pasiva y la activa, aunque este otro se crea un yo de identidad propia. Al existir una fractura entre el hábito y la memoria, el yo nunca llega a ser propio a pesar de que por reflexividad se piense en una identidad propia, dice Deleuze.

El problema es que para Descartes el yo no es un hábito de síntesis pasivas a las que aparta dentro de su método o duda trascendental. Es memoria que se torna yoica en sí misma, y por tanto tiempo, implica que el concepto cuando se crea es síntesis activa pura en base a la memoria (yo era) y no un otro de contemplaciones, ya que esas contemplaciones son memoria del yo tiempo. Fichte comprende que esa memoria esquematizada como tiempo es la que se conceptualiza para dar lugar a una relación fusionada entre sujeto y objeto o entre el afuera y el adentro que se convierte en concepto. El yo es el que fundamenta al concepto en cuanto es intuición sensible e intuición intelectual, un darse cuenta, una síntesis activa conceptualizadora de un yo propio. Es un espacio topológico de reflexión primordial, que a la vez es funcional e interpretativo. La previsión de esta relación como espacio topológico conectado del afuera y adentro o del sujeto/objeto se produce a través de la comprensión de una teoría de grafos.

 

Grafos presentidos o visionados

 

Los grafos son densificaciones de un espacio topológico[3], lo que implica que puedan ser pre-vistos por la visión.  Las construcciones estáticas serían grafos pre-visionados que aparecen por un darse cuenta o de la comprensión del yo propio como memoria. Esos grafos o elipsores permiten la conectividad por arista o por conectores con otros grafos o elipsores. Asimismo pueden ser conceptores, contextores, elipsores o conectores como expresiones de la función continua del yo propio que es el tiempo como variable.

Los grafos son curvas, densificaciones topológicas o pliegues conectados entre sí por los conectores o aristas, pero que no proceden solamente de una presión exterior. Son esquemas, pinturas de las adaptaciones de la memoria genética que interpreta las síntesis pasivas que en realidad son pasiva/activas.

Los grafos surgen de las variabilidades como limitaciones de lo subterráneo. Si las variabilidades son velocidades infinitas, que aparecen y desaparecen sin límites, los grafos aparecen en el mismo instante que son limitados a partir del infinito. La limitación puede ser una magnitud cualitativa, y por tanto, una actividad de creación espontánea. Es una restricción de lo subterráneo, que se convierte en reducción y limitación. Pertenecen a la anterioridad como expresiones densificadas en un topos, condicionado por la perpendicularidad u ortogonalidad, que al suceder de un modo conectado o contiguo, pertenece a un tiempo. Es el tiempo propio de la ortogonalidad. El principio de conexión no implica contigüidad y tampoco movimiento. La conectividad es una espontaneidad simultánea y es un acontecimiento, un verbo o un acorde del movimiento, Es una relación, la ßà de la función. Por ese mismo motivo los grafos dentro de un espacio topológico pueden ser métricos y contiguos o densos y conectados, dependiendo a que se refieran a una fragmentación o fragmento o a un completo.

El grafo es lo más anterior de la pre-visión, que como expresión del tiempo propio que se densifica se manifiesta como densificación de la memoria que es tiempo pasado del yo. La ortogonalidad depende de esa memoria de pasado para comprenderse como función o darse cuenta de una realidad que se densifica a través del conocimiento por la pre-visión. El conocimiento por la previsión es la anterioridad primaria o pre-visión primaria de donde surge el primer grafo que es el yo densificado como función de relación, que es el conector o conexión. En la pre-visión como base y fundamento del primer grafo como función aparece este espontáneamente, es decir, se crea por sí solo y se desarrolla voluntariamente.

La expresión del primer grafo que se conoce por relación es el yo como función dentro de la variable tiempo., el primer elipsor que se convierte en conceptor  Como densificaciones en un espacio topológico, además de ser una función continua, puede ser conectado por camino al ser la densificación una curva. Entonces dos elementos topológicos parten de la función del yo, la curva como expresión de la densificación topológica y el punto fijo como expresión de la ortogonalidad que se expresa en las superficies desplegadas de la curva del yo en cuanto se desarrollan y despliegan. En principio lo que se despliega son superficies no geométricas o no euclidianas, lo que permite que se puedan definir desde otra perspectiva, la del yo propio densificado y desplegado de una variedad. La variedad es la noción intuitiva de una curva[4], la densificación topológica, en el caso del yo la curva es la función interpretativa que se convierte en superficie e incluso de en cuerpo u otra dimensión. Las variedades son espacios que desde una ortogonalidad fija dan lugar a los mapas. Los mapas son porciones de espacios vectoriales de la función que imagina la conectividad la contigüidad o la conveniencia, para poder moverse el punto fijo sobre los espacios topológicos, que pueden ser subespacios invariantes. Son diagramas de expresión del espacio topológico que por su conexión entre grafos fan lugar a ese espacio vectorial de las aristas que se convierten en topología de expresión cartográfica.

El punto fijo es vectorial (lo que supone que se puede mover en un subespacio invariante) que se mueve a través de la curva superficie o cuerpo de la variedad topológica. El punto fijo constituye la variedad topológica del espacio también topológico, ya que = f (t) = t donde t es el tiempo propio. Esto quiere decir que la ortogonalidad del punto fijo es fijo para cada punto de la función, pero traza la curva de la función como variedad así como las superficies y cuerpos de cada variedad topológica de n- dimensión. Su límite se produce por el mismo punto fijo, es la causa de la función. El punto fijo como función es dinámico, y por tanto es un punto atractivo, un atractor. El punto fijo como grafo es un atractor. El punto fijo así considerado es autónomo

 

Atractores autónomos. La esfera

 

El punto fijo es la expresión de la función atractiva y se convierte en un atractor a partir de un sistema dinámico continuo. Esto quiere decir que el punto aparece de dos formas o dos perspectivas, como un conjunto de elipsores o síntesis o elementos que conforman a ese conjunto, como un punto que puede dar lugar a una densificación y por tanto a una curva un cuerpo o una variedad. Así el punto fijo como función es considerado como tiempo escalar no tiempo propio. Se forma como un atractor de un sistema estable sucesivo continuo y por tanto una función

La función del atractor no es autónoma en este primer momento, aunque la geometría ya pueda dar lugar a un espacio topológico como estructura matemática. La función atractiva es tiempo medido que es lo que conforma al atractor, pero es la segunda opción, la de la creación del tiempo propio donde aparece el yo como función del mismo. El sistema estable que conforma el tiempo medido da lugar a una función atractiva en un punto como un atractor pre-yoico, que se convierte en el yo que se da cuenta de que es propio y es tiempo. Es a partir de este momento donde el yo eclosiona y se considera un yo propio como tiempo, donde la densificación adquiere una autonomía, cuya curva se despliega en cuerpo o variedad dentro de un entorno, que condiciona un espacio topológico, esa estructura matemática que da lugar al yo. Esto quiere decir, que para una función atractiva del yo como tiempo medido a partir de un sistema estable y un atractor del yo propio, que produce un sistema inestable hay una variedad n que puede ser topológica y que comparte un espacio topológico. Si esto es así habría que considerar qué variedad es factible de compartir todos los sistemas dinámicos en el tiempo sea medido o propio, considerando que los atractores medidos no son autónomo y los atractores del tiempo propio sí los son. El único espacio topológico que puede ser compartido bajo cualquier circunstancia para cada variedad sería la esfera como variedad n-3, que puede ser homeomórfica para cada espacio topológico considerado como tiempo medido o propio.

La primera variedad que intuye de un modo abstracto el yo como estructura matemática o topológica es la perpendicularidad, que es una ortogonalidad para la variedad n 2 y con ella el punto. Es el punto fijo el origen de la función del yo como tiempo propio, que además es vectorial en cuanto se establece una perpendicularidad, la que equivale a la intersección de dos planos, uno de estabilidad horizontal y el otro de visión. El yo en el momento de eclosionar es punto fijo y perpendicularidad u ortogonalidad que determinará en el momento de una primera duración una curva que se densifica en un cierto entorno. En sí mismo el punto y la perpendicularidad son espacios topológicos como estructuras matemáticas, que son las líneas que van a desarrollar junto con las propiedades topológicas, conectividad, contigüidad, separabilidad, vecindad, etc., una relación matemática de interacción geométrica euclidiana o no geométrica, dependiendo de los procesos de significación. Estos procesos de significación se van conformando a medida que trascurre el punto fijo a través de la curva como función de una densificación topológica, donde las líneas geométricas de interacción en el continuo  expresan otras densificaciones, curvas, superficies o variedades que ya van cobrando un sentido. Las estructuras matemáticas de los espacios topológicos, sean euclidianos o no, van siendo percibidos desde el punto de vista de una comprensión iterativa del ver. Ese ver de percepción que procede de las estructuras matemáticas y topológicas es el que estructura una totalidad inmediata, continua e infinita para cada momento del ver y del percibir. Eso implica que no existe una memoria de contenidos o un esquema inamovible y no cambiante para cada sentido de la interacción, de cada expresión que el yo pueda percibir. Si en cada momento del ver se manifiesta la composición de las estructuras matemáticas de una topología, el cambio del sentido es una operación que parte de la misma función del yo, es decir, del tiempo propio. Conociendo las estructuras matemáticas que conforman el sentido de lo visto y percibido, además de comprender que en el mismo acto interactivo confluyen todas las propiedades de una topología, es el mismo yo el que puede construir, deconstruir, separar, relacionar, conectar, desplegar cualquier espacio topológico de cualquier variedad. Si esto es así, entonces la única variedad donde esto ocurre es la esfera. La esfera es la variedad que permite conformar todas las estructuras matemáticas en el yo propio y desde el yo propio como tiempo.

Todo punto es un yo propio que es la referencia de una ortogonalidad. La ortogonalidad desarrolla un espacio topológico de una semiesfera. La semiesfera está contenida en otra semiesfera. Todos los puntos con ortogonalidad están contenidos en una semiesfera. El plano de las semiesferas de la ortogonalidad y de la semiesfera que los contiene coincide entre ellos y son el mismo plano. La semiesfera está en homeomorfismo con la esfera. Por tanto si estiramos el plano coincidente de la semiesfera continente, las semiesferas contenidas se intersecan con aquella. La intersección de una esfera con otra esfera, ya que el punto es el coincidente y el plano es la intersección. Este plano de la semiesfera contenida puede ser una esfera, ya que todas las semiesferas que intersecan a una esfera se pueden convertir en esferas.

Las semiesferas de la ortogonalidad tienen una doble cara. Por una parte una exterior que mira a una interior de la esfera que las contiene y por otra una interior que es el exterior de la esfera continente. Si comprendemos que las semi/esferas están en movimiento, la nueva esfera que se produce es una esfera de n dimensiones infinitas, la esfera de la interioridad de las semiesferas. Esta esfera que a su vez contiene a las subesferas y a la primera esfera continente es la esfera infinita.

La figura topológica es la esfera infinita que parece inmóvil. Es semejante a la esfera de Parménides. Estas esferas son compactas aunque indefinidas. No así las subesferas que están limitadas por el espacio topológico de la proximidad. Aunque son homeoformas, su verdadera relación está entre la exterioridad del continente de la primera esfera y la interioridad de la segunda esfera. Allí todas las interioridades de las semiesferas que se ubican topológicamente en la exterioridad de la primera esfera están completamente conectadas en esa dimensión infinita del movimiento. Así el entre del que tanto hablan los estructuralistas es la exterioridad de la primera esfera y la interioridad de la segunda esfera, cuyo contenido es el de todas las subesferas de cada yo, o las interioridades del yo. Estas interioridades componen en todo a la vez un espacio denso, indefinido, compacto, cerrado que es capaz de formar desde el interior todo lo que pertenece a la composición de homeoformas y sentidos de expresión de la interioridad/exterioridad del contenido de la primera esfera. Sería un subespacio invariante ya que todo vector producido en este pertenecería a un movimiento del eje de las dos esferas.

  




Espacio, formas y significación.

 

La idea de espacio en Thom es de uno liso y continuo donde se mueven las formas de un modo topológico. Lo importante para él es cómo surgen las formas de un modo matemático para poder ser definidas dentro de un espacio topológico que tiene una expresión semántica. Las formas se representan por atractores (conjuntos cerrados invariantes) de un sistema dinámico en un espacio M de variables internas. Un espacio topológico es visible si es estructuralmente estable. El proceso de destrucción o creación de formas se debe a la destrucción de los atractores de las formas iniciales, siendo reemplazados por atractores finales por captura. A este proceso lo llama R. Thom catástrofe, que describe un espacio  P de variables externas.

Ahora bien, todas estas catástrofes o morfogénesis a partir de atractores pertenecen a un proceso natural de un modelo semántico que se descompone en islotes estructuralmente estables llamados creodas. Las creodas se consideran palabras de ese modelo semántico, cuyo significado es la topología global de los atractores y de las catástrofes. Las formas se basan en atractores, (puntos, líneas, geometrías complejas, etc.) y su significado lo articulan las creodas como expresión de una topología o espacios topológicos estructuralmente estables.

Todos estos conceptos contienen un subconcepto que los relaciona, la separabilidad. La separabilidad es la abstracción real de poner algo o disponer de algo y apartarse de lo que se dispone. La abstracción es un proceso de conformación, que podría ser un pliegue, un acorde, un elipsor, un espacio topológico o un atractor en cuanto es real. Real[5] es porque esa abstracción es primigenia en cuanto se separa para disponer, la separabilidad inicial del disponer de algo, que es el yo propio, la única realidad fuerte. La separabilidad como abstracción es real en cuanto pertenece al yo propio, que él mismo se pone y dispone desde una perspectiva aparte para poder darse cuenta de ese momento[G4] . Es el momento de la creación dinámica del yo que se traduce en un escorzo.

La creación dinámica del yo propio, que da lugar a una función que es el escorzo, es una fuerza que equivale a un sistema dinámico unitario. Es un proceso de creación real única que necesita del cuerpo, cuya visión topológica primaria pertenece a la perpendicularidad. De hecho el escorzo espacial, que visualiza el cuerpo en un entorno o por lo menos parte de este, en interacción con el medio, es el que se presenta como originario. Aquí se introduce la teoría del escorzo de Ortega como una adaptación del concepto a la separabilidad como abstracción real del yo propio.

La creación dinámica del yo surge del cuerpo como esfuerzo no consciente de separación para disponer el bosquejo topológico, un preconcepto de lo que sería el escorzo como función. La idea de esfuerzo como dinámica surge del concepto del ars del actuar o mover del sánscrito debido a la actuación del cuerpo. El conceptor es la primera abstracción, cuyo contenido es una explosión de puntos, rayas, curvas, sensaciones, colores, intensidades y fragmentos de significación. Es el concepto propio como tal definido como instrumento clave que permite descubrir, expresar, definir, formar, crear todos los conceptos que derivan del bosquejo topológico primario del yo propio. El conceptor da origen a los conceptos y su conceptografía. Con la separabilidad y creación del conceptor propio, todos los conceptos son creados por ese núcleo del yo propio, al que llamamos conceptor, a partir del momento de separación.

La palabra conceptor se compone de la palabra concepto y del sufijo or. Los sufijos or se utilizan para señalar una acción. Es un concepto que actúa. El conceptor se crea por separabilidad, se pone y dispone por el esfuerzo del cuerpo, no percibido por el conceptor. El conceptor una vez dispuesto, con esa explosión de puntos y líneas y fragmento de separación consigue crear un bosquejo como una primera figura. Cuando el conceptor intuye que es un yo que responde a un nombre propio, ya capta un primer concepto o mas bien lo crea, el concepto del tiempo y la memoria. Recuerda que es algo que antes era y que responde al nombre propio por repetición de las líneas dentro del bosquejo. Memoria tiempo e identidad son los primeros conceptos que surgen del conceptor en su acción, en su esfuerzo. Además dentro de la identidad y por separación aparece lo otro y los otros como conceptos que surgen creados del conceptor. 

El conceptor, a partir del bosquejo, crea las líneas puntos y rayas, que darán origen a conceptos. R. Thom explica en Estabilidad estructural y morfogénesis un gráfico de creación de morfologías como origen espacial de las estructuras sintácticas, o lo que es lo mismo de los espacios topológicos de significación. 

Para R. Thom los conceptos son seres intermedios entre los objetos exteriores y las formas genéticas. Se forman a través de lo que él llama el lazo de apresamiento, que equivale al concepto de identidad. La identidad podría ser de naturaleza espacial y material o de naturaleza abstracta, que es una naturaleza semántica porque es necesaria la comprensión del concepto. Explica R Thom que la condición ontológica de ser es más de naturaleza semántica y de comprensión que de naturaleza espacial. Los artículos definen la naturaleza espacial sustantivada y la naturaleza semántica por adjetivos, siendo la oración la estructura que los interacciona, ellos mismos conceptos. Crear

Esa interacción estructural depende de actuantes, donde los seres animados son, topológicamente,  bolas contráctiles, estructuras que por otra parte se caracterizan por contener un verbo. Estas interacciones están basadas en una morfología estructural y que son arquetípicas universales. R Thom las describe en el siguiente gráfico. En realidad, esas bolas topológicas equivalen al bosquejo de abstracción primaria que expresa conectividad, que a la vez son topológicas, en cuanto son un conjunto de elementos (puntos, líneas, preconceptos etc.).

 


 

En el análisis del gráfico se observa que R. Thom basa sus formas arquetípicas en puntos, líneas, que son curvas y rectas, de las que surge una estructura semántica que expresan los diferentes verbos básicos. Esas formas arquetípicas parasen elaboradas intuitivamente a partir de una experiencia vital, que Thom relaciona con la psicología de la forma.

Si observamos el verbo ser Thom lo expresa de tres formas. Con una línea recta que comienza en un punto y termina con una recta vertical, terminar. Otra línea que comienza con una línea vertical y termina en un punto, comenzar y cambiar que emplea las dos formas de los verbos comenzar y terminar salvo que donde termina una comienza la otra. Parece que Thom sugiere líneas que recuerdan un concepto del ser relacionado con la línea temporal, cuya infraestructura semántica relacionada con el verbo ser es dinámica temporal, que podría ser infinito, los actuantes .

A idea de que lo primero que existe son puntos y líneas la desarrolló Hegel. El problema es que Hegel hablaba de los puntos y líneas como una primera forma de materia y de espacio, espacio extensivo. R. Thom desarrolla una idea de espacio continuo y liso donde hay formas arquetípicas que interaccionan estructuralmente de un modo semántico, que dan origen a las formas geométricas, con atractores internos en sistemas dinámicos de variables internas y externas en un proceso morfogenético que se expresa con su teoría de las catástrofes.

La interacción estructural semántica podría ser una función, y desde la perspectiva del conceptor es un escorzo. La idea de escorzo es “el órgano de la profundidad visual: en él hallamos donde la visión está fundida con un acto puramente intelectual” Para Ortega la dimensión de profundidad puede ser visual, auditiva, temporal y espacial, siendo consustancial a la superficie. Cualquier superficie entonces conlleva una extensión o perspectiva de profundidad, es decir, que la circunstancia en sí misma es superficie y profundidad y para alcanzar ese grado de realidad que contiene es necesaria una función que representa el órgano del yo mismo que es el escorzo. Así no es un recorte sino más bien un instrumento, un medio para alcanzar todos los grados que existen en la relación superficie-profundidad de mi circunstancia. Ortega explica que la superficie contiene dos valores uno material, el de una primera vida real de la cosa y otro segundo valor, que no deja de ser tan real que el primero, que es el valor que le otorguemos en una segunda vida virtual., que son la muestra del mundo material patente y el mundo latente o trasmundo.

 



                                       

[3] La densificación topológica, según Badiou, equivale a un envolvimiento del afuera por un adentro del pliegue que describe Deleuze. De este modo, ser y pensamiento intuitivo coinciden en la forma de densificación del afuera en el pliegue, que posteriormente se desarrolla como sujeto. La expresión topológica es la de la curva de Jordan, que dice toda curva cerrada simple del plano divide al plano en dos componentes conexas disjuntas que tienen a la curva como frontera común. Una de estas componentes está acotada (el interior de la curva) y la otra es no acotada y se le llama exterior

.

[4] La variedad contiene mucho de intuición como sensación y contemplación. Es un pliegue en el sentido de creación en cada momento de lo intuido. Esa variedad se conforma con una estructura básica espacial como la perpendicularidad plano/recta de la sensación del yo propio como cuerpo sobre tierra, o como la esfera, que son variedades básicas topológicas.

[5] El concepto de real es lo que se puede definir a través de lo pensado y dentro del lenguaje. Por eso los conceptos son reales en cuanto se pueden acotar. En términos aristotélicos sería la esencia en cuanto es una sustancia en sus términos de hacienda. El término en sí mismo es un concepto. Por ese motivo el primer concepto es el acotar la idea del yo propio, que es un realizar, yo me realizo al darme cuenta de mi nombre y a quien pertenece. Es la primera realidad como yo fuerte

Como anécdota el término real es una hacienda acotada en el castellano de Murcia.



 


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