El concepto de escorzo a partir del pensamiento de Ortega

La frase que resume toda la filosofía de Ortega es “yo soy yo y mis circunstancias” El yo que refleja Ortega es el yo propio, cuyo designador bien puede ser el nombre propio, es decir, el del yo inamovible que soy yo mismo. Hay que aclarar esta idea, ya que todos los filósofos que han meditado sobre el núcleo yoico de alguna manera, han pretendido la superación del yo a través del pensamiento de lo universal, como la res cogitans, de Descartes, el Yo trascendental de Kant, el Yo absoluto de Fichte, el espíritu absoluto de Hegel, el ego trascendental de Husserl o incluso el ser-ahí de Heidegger. Siempre la búsqueda de lo universal, que al fin de cuentas se convierte en el ser colectivo, algo que en la geofilosofía de Ortega es propio del pensamiento alemán. Por otra parte, están las circunstancias, las cosas mudas y tácitas que me rodean. Para Ortega, estamos ciegos a la exposición de todas estas circunstancias debido a que las metas proyectadas en la lejanía nos impiden ver la cercanía. Es el héroe de Goethe, dice Ortega en sus Meditaciones sobre el Quijote, que es un luchador que combate por su doncella lejana sin mirar alrededor, con un solo objetivo final. Esta clase de luchador se vincula al tiempo futuro, pero menosprecia lo inmediato y presente. Según Ortega, es fundamento de una vida social del hombre, desatendiendo la vida individual que es la del yo mismo, que es sinónimo de vida propia, de lo inmediato y de la circunstancia. Dice Ortega que hay que buscar la circunstancia de cada uno, su peculiaridad y limitación, para argüir que la reabsorción de la circunstancia es el destino del hombre, pero no del hombre universal o trascendental, sino del hombre individual de propio, el héroe moderno que día a día lucha con lo inmediato, con la contracción del presente en aras a un futuro de vida. Es el proyecto del yo vital pensado a la española, apartado un poco de tanta reflexividad del pensamiento alemán, aunque no del todo, pero con una buena dosis de intuición e imaginación y sentido de la vida del propio tiempo. Ahora bien, para que exista un nexo entre el yo, mi yo y las circunstancias que me rodean, Ortega elabora su teoría del escorzo como órgano de profundidad y dimensión, ya que las circunstancias serían el afuera del yo, la alteración del ensimismamiento.

En la analogía del bosque que aparece en las Meditaciones sobre el Quijote, Ortega explica que las cosas que nos rodean son una imagen externa de lo que vemos y a la vez no vemos. El bosque no solo es la superficie sino los arroyos, los senderos, los matorrales, lo invisible que está detrás del recorte de lo superficial y externo. Las circunstancias, como el bosque, van más allá de lo que se nos muestra a los sentidos. El bosque, como la circunstancia, es superficial y profundo, donde la labor del yo, según Ortega, es su reabsorción o la búsqueda de la propia condición de esas cosas tácitas que se nos presentan y muestran cada día o incluso que algunas cosas permanezcan ocultas lo necesario. A veces es preferible que algunos trozos de realidad tengan más valor en lo oculto. Es una concesión al pensamiento intuitivo-imaginativo de la relación de profundidad de lo que existe, donde no todo está determinado. En oposición al pensamiento genético de Fichte, que intenta elaborar y desgajar toda la profundidad a partir de la génesis del pensamiento lógico del yo absoluto y universal, Ortega explica que el yo propio por su inmediatez necesita obviar y profundizar justo lo necesario de las circunstancias, como un ecualizador, cuya sintonía no se compone de una indagación y eliminación de toda la circunstancia, como pretende la ciencia objetiva o una mera superficialidad de imagen corte, como explicaba Bergson en su corte-inmóviles análogos a una película de cine. Superficie implica profundidad, es decir, el mundo se nos muestra de una manera superficial que a la vez conlleva la profundidad, dividiéndolo en mundo patente y mundo latente o trasmundo.

El mundo patente es el mundo de las sensaciones, el de las impresiones que alcanzamos sin esfuerzo de ningún tipo, el de los árboles del bosque donde no vemos los senderos ni los arroyos. El otro es el mundo latente el que se oculta a las impresiones y no podemos ver ni oír pero que está oculto en superficie pero existiendo en profundidad, el trasmundo. El trasmundo contiene la misma realidad que el mundo patente, pero necesita de mayor esfuerzo para percibirlo. Para Ortega ese trasmundo se constituye con numerosos planos de realidad, los cuales son desvelados por mí mismo con la condición y el interés que nosotros mismos queramos alcanzar. Son capas que cada uno desgrana para sí mismo, ya que la verdad como desvelamiento es la que a cada uno le presenten. No existe más que verdad que la verdad como uso una vez desocultada por mi yo mismo, una verdad como valor en uso, efímera y cambiante. Para alcanzar estos grados de realidad se necesita esforzarse o modelar el órgano o la función que dispone para ello el yo mí mismo de las circunstancias, el escorzo.

La definición del concepto de escorzo en Ortega es “el órgano de la profundidad visual: en él hallamos donde la visión está fundida con un acto puramente intelectual”. Para Ortega la dimensión de profundidad puede ser visual, auditiva, temporal y espacial, siendo consustancial a la superficie. Cualquier superficie entonces conlleva una extensión o perspectiva de profundidad, es decir, que la circunstancia en sí misma es superficie y profundidad y para alcanzar ese grado de realidad que contiene es necesaria una función que representa el órgano del yo mismo que es el escorzo. Así no es un recorte sino más bien un instrumento, un medio para alcanzar todos los grados que existen en la relación superficie-profundidad de mi circunstancia. Ortega explica que la superficie contiene dos valores uno material, el de una primera vida real de la cosa y otro segundo valor, que no deja de ser tan real que el primero, que es el valor que le otorguemos en una segunda vida virtual., que son la muestra del mundo material patente y el mundo latente o trasmundo.

El escorzo como órgano es sinónimo de instrumento, medio, relación y función, y como tal indica o señala ese nexo entre la superficie y la profundidad. Ahora bien, partiendo de la frase del yo soy yo y mis circunstancias el escorzo es doble y cuádruple, es decir, es como una lente bifocal que enfoca hacia el yo puro o a la circunstancia y en cada caso dimensiona la superficie y profundidad del escorzo categorial, que puede ser auditivo, visual, espacial y temporal. El escorzo como lente bifocal del núcleo yoico aglutina todo el armamentarium del pensar propio, es decir, la razón, la intuición, la imaginación, la memoria, la abducción, que en cada pliegue de superficie-profundidad desgrana a través de la relación entre las partes y su todo lo real-virtual o materia-virtual de lo que en cada caso enfoca el núcleo yoico. Si el núcleo yoico, el ecualizador que soy yo mismo, enfoca el escorzo hacia las circunstancias, estas serán las cuádruples disposiciones que para ello formula Ortega. Ahora bien, el problema del yo pensado establece dos líneas de pensamiento, una, la trascendental que es esa universalidad del yo como yo absoluto, ego trascendental, res cogitans, que es el ser colectivo, la gente, y otra, el yo profundo que intenta ser pensado al margen de cualquier alteración y circunstancia, como un pensar puro que nunca se alcanza. Asimismo tampoco se logra el desgrane completo de la circunstancia ni Ortega lo propone, más bien al contrario, ya que en realidad para ser pensada nunca ocurre en sí misma, sino que es un para mí, mi perspectiva.

El escorzo es función y relación, y por tanto, realidad, como ya he explicado en anteriores post sobre la realidad ontológica de la relación. Por ello superficie y profundidad es la realidad de la relación determinada por la capacidad de dimensionado que tienen las diferentes categorías del escorzo, realidades o grados de realidad tanto de las circunstancias como del yo mí mismo. Dependiendo de esa capacidad de enfoque se obtendrá un mayor grado de realidad en ese núcleo yoico que se va dimensionado en sí mí-mismo y con lo que me rodea, todo ello en relación a través del escorzo.

El escorzo como el órgano de la proyección dimensional de la superficie-profundidad indaga sobre los grados de la realidad del yo, sea circunstancial o ensimismática. El escorzo como lente bifocal del yo mí mismo empieza a funcionar ante la destrucción del tiempo medido o en la fractura ante el Uno-todo del ser colectivo. Se necesita cierto grado de introspección-proyección, que es comprensión de la realidad de la relación que en cierta manera es empatía-simpatía, o de retiro hacia sí y hacia fuera de sí, para que la lente pueda indagar en dos direcciones, hacia el ser colectivo y hacia el yo puro (nunca se alcanza) del núcleo yoico bifocalmente. Para que esto suceda, es decir, para que la lente empiece a indagar existen dos fases dentro de la línea “ecualizadora” del yo-ser colectivo. Primero, el yo mí mismo ensimismado propio de los núcleos yoicos que suelen estar más dentro de sí, sin alterarse ante los estímulos del medio, solitarios y segundo los núcleos yoicos que están alterados dentro del ser colectivo, sin tener un ápice o poco que ver o comprender del yo mí mismo. Ortega define estos dos aspectos, yo ensimismado o múltiples yos de la vida colectiva dentro de una geofilosofía del carácter nacional del pueblo alemán y el español en Kant, Hegel y Scheler. Así cada uno de estos tipos geofilosóficos iniciará su indagación dependiendo cómo afronte la destrucción del tiempo medido, uno dentro de un yo ideal-colectivo común que se piensa a sí mismo, pero no mí mismo, el otro un yo que se dispersa en el ser colectivo a través de multitud de yos. En ambos casos los extremos se tocan como un círculo donde el yo ideal y el ser colectivo acaban juntándose. El escorzo funcionará en el núcleo yoico de yos dispersos a través de las situaciones límites que volcarán a un hacia mí mismo. En cambio en el núcleo yoico que pertenece más bien a un yo trascendental del ser colectivo será la experiencia artística-estética la que favorecerá la fractura o destrucción del ser colectivo del tiempo medido. De los dos caracteres a partir de la fractura comenzará a funcionar el órgano del escorzo, esa lente bifocal que tenderá a acercar al yo interior o a la circunstancia, sea en su modo de relación con otros yos o con la cosa como haecceidad.

Con respecto al escorzo del núcleo yoico hacia el afuera existen dos formas y cuatro categorías. Se puede dirigir a la cosa como haecceidad o al otro como otro yo, siendo auditivo, visual, espacial o temporal. Con respecto al escorzo auditivo ya planteó Parménides el problema que existía dentro de la dispersión del habla como significante dentro del propio lenguaje. Para Parménides, según Heidegger, las palabras carecían de significado para la mayoría de la gente ya que las oían pero no las escuchaban. Ortega en su ¿Qué es filosofía? explica que todo oír es escuchar ya que la naturaleza exterior solicita la atención del hombre, en este caso del núcleo yoico que se quiere trasformar en un yo mí mismo. El escorzo auditivo es comprender la semántica de cada palabra sin que sean sonidos hueros, la verdadera profundidad dentro de la superficie del significante, es decir, la relación de profundidad que subsiste en una palabra, una oración una proposición o una estructura sintáctica.

El escorzo visual es la comprensión de lo percibido como una visio agustiniana o la iluminación dentro de la razón, de la intuición e incluso de la abducción, que sustrae el sentido de la circunstancia o de la cosa vista. El escorzo visual es una apertura de lo visto hacia un campo de profundidad, donde la percepción no es una mera imagen, sino una relación entre lo visto y lo percibido. En cierta forma, el escorzo auditivo y el visual se relacionan entre sí por la palabra pensada. El escorzo visual relaciona lo visto con la palabra para encontrar esa relación que por medio de las facultades como son la razón la memoria la imaginación o la intuición se consigue “ver” y “oír” la superficie-profundidad de la circunstancia.

El escorzo espacial se refiere al límite como forma o relación. El pensamiento occidental se ha basado en la idea como aspecto o forma que ha dado lugar a la representación. Esta representación ha sido histórica y ha proporcionado una comprensión del espacio como límite de la forma o imagen pensada. A partir del límite morfológico o de la forma, se ha estructurado el pensamiento espacial. Ahora bien, el escorzo espacial modula el límite de tal manera que se convierte no solo en la forma, sino en la base del límite como principio aristotélico, que es el movimiento de la sustancia donde el límite es una tendencia de relación de profundidad. Deleuze lo explica la relación de profundidad con su concepto de haecceidad y cuerpo sin órganos. Una haecceidad podía ser una relación de movimiento que daría lugar a un cuerpo sin órgano en una definición como abeja-que chupa el néctar-polinizando la flor. Esta relación constituiría un cuerpo sin forma, lo que llama Deleuze un devenir, pero que en realidad es un escorzo espacial. El espacio está en relación al tiempo y este es movimiento, donde lo que subyace es la relación real. El escorzo espacial es la modulación que puede existir entre la forma ideada y el límite como tendencia.

El escorzo temporal consiste en comprobar que el tiempo no es el de la cosa o el de la circunstancia, lo que Aristóteles ya explicaba en su Física. El escorzo temporal divide el tiempo medido del ser colectivo, que es el alma o psique aristotélica, cuyas reminiscencias han aparecido en el yo universal que subsume el tiempo como inmanente o un presente continuo en prácticamente en todos los filósofos, y el tiempo propio de mí mismo. El tiempo es la percepción del cambio y esto solo lo puede apreciar un yo mismo de propio. Aristóteles pensaba que era la psique la que por medido del número comprendía la sucesión y podía otorgar al cambio y movimiento un número. Pero la psique, en realidad está fuera del tiempo o más bien en un eterno presente continuo de tiempo inmanente como aparece en todos los yo universales, el de Descartes, Kant, Fichte, Husserl y Heidegger. El tiempo medido es el presente continuo parametrizado instante por instante, presente puntual del presente continuo. Como dice Ortega, estamos anclados en el presente cósmico donde se vive como presente actual o el Cusano, que el presente como ahora incluye el ya el antes y el después.

El escorzo temporal indaga que el tiempo es pasado, presente y futuro del yo mí mismo para la circunstancia y no la circunstancia para sí misma. El escorzo del yo mí mismo va hacia afuera como dimensión de la superficie-profundidad, en relación de cada uno de los escorzos enumerados, así como hacia adentro como función de enfocar a mí mismo, en relación entre los diferentes escorzos. Un escorzo auditivo puede ser a la vez visual, temporal o espacial o las cuatro cosas a la vez, que pueden dar una idea global de la interacción del yo con la circunstancia.

Husserl comprende que el yo introspectivo es más bien un yo psicológico, que si bien realiza una reducción natural en cuanto se percibe a sí mismo, no es filosófico, ya que no trasciende hacia el ego o yo trascendental. Para poder entender el ego trascendental hay que liberarse de todos los prejuicios propios del yo psicológico, a través de la reducción trascendental, para ser el fundamento de todas las ciencias. Casi todos los filósofos entienden el fundamento de cualquier base yoica, no en el núcleo del yo propio, sino en un ego o yo universal que lo fundamenta. La intención de ellos es evitar el solipsismo, pero si la relación es una realidad, tal y como describió Aristóteles o Suárez y en la filosofía contemporánea Bergson y Deleuze, los núcleos yoicos no están separados ni apartados cada uno de ellos. Más bien cada núcleo aporta al otro por lo menos una relación de cualidades reales. Así, Suárez explica que la relación es ser en otro, y por lo tanto, ser sustancia en otro, que es sustancia o ser en sí. Se necesita la cohesión para poder afirmar algo de una cosa con respecto a otra, y por tanto, no se puede incurrir nunca en el solipsismo del yo mí mismo. Desde este punto de vista, el núcleo yoico tiende a la reflexión o reflexividad interna para escorcear a sí mismo. La lente del núcleo yoico da origen a los escorzos de reflexión externa, el salir fuera de sí para escorcear las circunstancias y lo mismo sucede con la reflexividad interna donde el núcleo sale fuera de sí para reflexionar el dentro de sí mismo y entenderse como el yo mí mismo propio. Ese núcleo yoico se conoce por reflexión y expresión del pensar, que por medio de los escorzos visuales, auditivos, espaciales y temporales se completa como mí mismo corporal. El salir fuera-de siempre implica lo extático, sea hacia la circunstancia o hacia el mí mismo reflexivo.

Dice Schopenhauer que lo primero que objetiviza la voluntad es el cuerpo a través del sujeto que conoce. El escorzo visual escorcea en cuanto me miro al espejo y me comprendo como yo mismo. El escorzo visual del yo mismo empieza delante del espejo, donde se forma una realidad visual percibida del yo mí mismo. Si bien Fichte sí que comprendía que para fundamentar una Yoidad como base de una individualidad se necesitaba un cuerpo y el mismo Husserl, el cuerpo era la base para la articulación del mundo sensible y el inteligible, pero siempre en base al desarrollo del fundamento de una subjetividad trascendental de toda la individualidad del cada yo. En realidad ese yo trascendental es una función lógica como en realidad aparece en el fondo de la doctrina kantiana del conocimiento, pero no es un yo mí mismo que vive la vida y se puede mirar al espejo. Esto es lo que entiende el escorzo visual del yo mí mismo en su enfoque del adentro, completar los límites.

El escorzo auditivo comienza con el diálogo interior que surge de las preguntas del quién soy yo. A la pregunta de quién es Gilberto el escorzo auditivo responde sobre una entidad que como un yo corporal fijado en la memoria del espejo responde. A su vez el escorzo auditivo mantiene un diálogo conmigo mismo de las diferentes proposiciones acciones preguntas y respuestas que mantienen el ser yo sí mismo. La audición interior se repite una y otra vez, con lo cual para percibirla hay que escorcear el habla interna para limitar al yo mí mismo y evitar el vacío de ese lenguaje interno, que recorta mi yo mí mismo propio.

El escorzo espacial parte de la comprensión del cuerpo como un yo corporal que respira y coincide con el yo mí mismo propio. Si ante el espejo me he dado cuenta de una visión limitada en escorzo del cuerpo, el escorzo espacial me comprende a mí mismo como movimiento y acción. Es capaz de articularme con el afuera del entorno a través del movimiento de los brazos y piernas, además de entenderme como un yo corporal único que respira. Si es así, tanto la ropa como demás accesorios técnicos como el coche, el móvil, el ordenador, entran dentro del escorzo espacial en cuanto el cuerpo se comprende como un CSO como se explicaba en el escorzo espacial de las circunstancias. Si bien estos dos escorzos espaciales pertenecen a distintos enfoques de la función del escorzo, la extensión técnica del yo mí mismo como yo corporal muchas veces nos identifica como extensiones de esos aditamentos técnicos. ¿Por qué el yo corporal no puede extenderse al coche, al reloj, al ordenador, si el escorzo espacial sabe elaborar esa distinción como un devenir del cuerpo sin órgano? El escorzo espacial puede enfocar incluso la casa en que se vive como extensión del cuerpo yoico, como una relación que forma parte del núcleo yoico, pero a la vez se comprende la limitación de lo orgánico e inorgánico que fundamenta al yo mí mismo como propio, que es un cuerpo que respira.

El escorzo temporal es entender que el sentido del yo mí mismo como propio es el tiempo. Ello implica que desde que el núcleo se interioriza y enfoca el yo es en ese mismo momento tiempo ya que reflexiona sobre sí mismo como un antes que sucede a ese ahora que se hace después. Es la base del pensamiento de Descartes en cuanto el en su duda metódica llega a comprender a ese yo mí mismo que es su propio yo como algo que es pensado en el tiempo, por su yo era. El pasado pensado del yo propio por ser reflexivo es un instante, en el que aparece como ser pensado, el yo era que es reflexivo y por tanto que reflexiona desde su núcleo temporal pasado. Es el comienzo del escorzo temporal, que va enfocando desde ese pasado hacia el futuro. El escorzo temporal enfoca asimismo el futuro, que en muchas ocasiones le mismo yo propio vive como algo adelantado, esperado, en el éxtasis del futuro que solamente como futuro es una nada, ya que se intenta vivir en él detenido pero ni el pasado ni el presente ni el futuro como tiempo están detenidos y por tanto pretenderlo o intentar existir en los diferentes éxtasis es vivir en la nada del tiempo.

Así en el análisis de la frase yo soy yo y yo soy mis circunstancias, el nexo entre el yo reflexivo y el entorno circunstancial es ontológico en cuanto al ser-soy del presente de la frase. Ahora bien, para comprender al ser, este tiene que enfocar a través de la función del escorzo, lo cual equivale a que para ser uno mismo como yo mí mismo propio, hay que escorcear o enfocar lo que se pretende ser real para uno mismo, dentro de sí mismo y del afuera. Es decir, hay que tener capacidad de enfoque. Si bien el escorzo es una capacidad o una función para determinar la circunstancia o el yo mío, la idea es que el enfoque consista en traspasar el mundo patente de la circunstancia y de la alteración hacia el afuera del mí mismo, para encauzar esa relación de superficie-profundidad el mundo latente y el trasmundo, que existe tanto en el afuera como en el dentro, y que se manifiesta a la vista, pero no se escorcea sin la función del escorzo. Aunque este escorzo yo lo he categorizado en dos y cuatro categorías, en realidad es la actuación de la lente en el momento del enfoque, que gracias al acopio de todas las facultades, entendimiento, razón, intuición, abducción e incluso la memoria todas ellas aplicadas de mí mismo, consigue enfocar el mundo latente con el trasmundo de la circunstancia y el yo, que son parte de la función de ser yo mismo. Salir fuera es lo EXTático del yo mí mismo, que reflexiona el afuera-adentro, con lo cual la misma función del escorzo es EXTática.

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