El concepto de separación





La primera interpretación que nos sugiere este concepto es el de alejamiento o apartamiento de algo o alguien con respecto a algo o alguien. También se puede entender como fractura, desconexión o división, escisión, que supone una ruptura de la relación de algo o alguien. Con estos sinónimos el concepto de separación se desvía bastante de su significado etimológico, que provenía del se-parare o dejar lista una cosa desde la lejanía, usando un poco la hermenéutica de Heidegger. El prefijo se- otorga una distancia al significado de la palabra y el parare latino significa disponer o dejar listo. Así, podíamos explicar que la interpretación del separar sería alejarse de lo que se dispone mejor que una fractura, división o inconexión. La disposición o lo que se dispone es lo indeterminado.

El concepto aparece con el yo interpretativo. La separación no es un concepto universal, ya que se puede interpretar desde el punto de vista del yo que construye y crea todos los conceptos. Lo que plantearía es cómo y cuándo comienza el concepto de separación.

La separación no es una limitación entendida como una frontera, es una detención percibida, un parar-se, el yo se-para. Cuando el yo tiene conciencia de sí mismo, es debido a que se enlentece o se densifica topológicamente y comprende una relación entre sentidos, cuerpo, pensamiento y su nombre propio. De ahí que responda al estímulo y a la separación del entorno con el ser consciente de sí mismo, como respuesta al nombre. Lo que se dispone es lo indeterminado y el yo al alejarse se aleja de lo indeterminado para determinarse en su propia disposición.

La pregunta es que si la separación es alejarse de lo que se dispone o del dejar listo, ¿de qué dispone el yo para poder densificarse y parar-se? ¿Qué hay anterior al yo como realidad propia? ¿Caos, Yo absoluto, vida o impulso vital, voluntad, substancia? ¿O quizá nada de esto? Para una realidad fuerte que responde a un nombre propio nada de esto tiene sentido. La pregunta del porqué no es prioritaria ni transcendental, la pregunta más significativa se halla en el cómo, que tiene más sentido hablar sobre proyección y proyecto. Ahora bien, la pregunta por el cómo empieza después de comprender al yo propio como la única realidad fuerte con respecto a otras realidades débiles que circunscriben su entorno. No se trata de explicar una jerarquía sino una relación horizontal de conocimiento de realidades a través de la proyección, a partir de la comprensión de la realidad fuerte del yo interpretativo del nombre propio. Una relación real donde se construye todo tipo de concepto desde que la realidad fuerte se concibe a sí misma y donde la posibilidad de construir se halla en esta realidad.

Por tanto, el yo propio para ser realidad fuerte a sí mismo tiene que parar-se y se-parar-se. En eso consiste disponer alejándose, de comprenderse como una realidad fuerte. La realidad fuerte es una separación, no es una fractura o una división de algo como un ser diferente de otro ser inmanente. No es un ser que se pueda concebir de algún modo ontológico sino más bien es una realidad que se-para, se detiene para analizar. La separación es un sinónimo de análisis del yo del nombre propio. Es un análisis para comprender la realidad fuerte del yo, el primer concepto, y la eclosión de ellos que supone el establecer al nombre propio como primera realidad. En la eclosión aparecen otros conceptos como la relación para establecer el nombre propio con el cuerpo, los sentidos y ese pensar como un yo, la memoria que establece una relación con el tiempo o la comprensión/interpretación entre otros.

 La separación como parar-se en un entorno que dispone de un ahora de realidad fuerte, se detiene para comprender que hay otros nombres propios. Por relación y proyección interpreta los otros nombres propios, en ese entorno de detención, como similares al yo propio. Otro yo con nombre propio debe de ser una realidad con cuerpo, sensaciones, memoria, y la posibilidad de construir conceptos. Pero por supuesto solo interpreta esta relación de esa otra realidad como realidades diferentes o débiles con respecto a la realidad fuerte del propio nombre. La tendencia es la puesta en marcha y el avance después del análisis o el se-parar del yo propio. Para ello, la relación es el motor de la tendencia, que se convierte en una predisposición en un proceso de desarrollo entre el yo de la realidad fuerte y las otras realidades débiles.

El yo del nombre propio tiene la capacidad de establecer relaciones y estas se comprenden mejor desde la detención, el análisis o separación. Una relación con una realidad débil se realiza a través de una identificación/proyección de las características del yo propio. La relación subyace entre dos realidades. Por ejemplo, mi yo propio se ha comprendido en base al cuerpo, una limitación de una membrana corporal con el medio en que interactúa. No hay división sino convivencia con el entorno. El cuerpo tiende a relacionarse con su entorno en busca de sensaciones o satisfacer a ellas. En esa tendencia encuentra unas realidades que le recuerdan a él mismo y por relación entiende que se puede comprender a otras realidades en base a esa relación que se proyecta en la otra realidad débil.

A lo largo de la vida el yo del nombre propio establecerá multitud de relaciones por esa tendencia al entorno, con otras realidades débiles. Interactúa en el medio con esas realidades, tanto en la presencia como en la memoria. Si la relación es real y forma parte de esa realidad fuerte, siendo la base de la comprensión permanente de otras realidades débiles, la acción de la realidad débil permanecerá en la memoria como realidad, sea presencial o no. La memoria de relación da realidad a las realidades débiles comprendidas, cada vez que son rememoradas. Están se-paradas pero no fracturadas no dividida, almacenadas para ser dispuestas en su lejanía. Así, la se-paración permite al yo del nombre propio disponer de todas las relaciones con realidades débiles sin la necesidad de la presencia, ya que el disponer que está listo para ser rememorado, es tan real como la presencia. La memoria permite además mejorar esa realidad interpretada en su momento de una manera, para ser cambiada por otra manera de relación interpretada. El tiempo, que es memoria, puede ser cambiado debido a la reinterpretación de la relación.




El cuerpo como separación.




El cuerpo tiene un exceso de connotaciones semánticas. Se le ha pensado como materia no ontológica, como disyunción del hombre entre ser pensante y ser material o como una materia que se forma de una inmanencia material dentro del campo de lo científico. Todas estas interpretaciones y muchas más son perfectamente compatibles con una idea de cuerpo. Pero dentro de nuestra idea de separación, que se basa en el nombre propio, el cuerpo es otra forma de llamar al yo del nombre propio. Es lo mismo, cuando pensamos el cuerpo que cuando se llama a alguien por su nombre propio y responde a la llamada. El problema está en que el yo propio pueda comprender al yo sin la disyuntiva de la fractura del ser material y ser pensante, que lo pueda pensar como separación o un detener de lo que se dispone, se aleje para poder comprender lo que significa el cuerpo como yo propio, conectado pero no inmanente.

El problema de la inmanencia es que siempre hay algo que subyace como sustrato y se adhiere a una ontología de principio universal. La materia como campo, la voluntad de vida o el Yo absoluto de Fichte son principios inmanentes, comunes, como una realidad fuerte que subyace y da origen a una individualidad. Es un ser colectivo. Bajo este punto de vista la realidad fuerte del yo propio se diluye y pierde su fortaleza ante principios que sin ser conocidos e intuidos se pretenden como base de lo que existe, un ser ontológico colectivo que da pie a una generalidad por encima del concepto de individualidad, que es el nombre propio. La única realidad fuerte la del yo mismo no generalizado y singularizado en el nombre propio. Así, comprender el cuerpo como una singularidad que expresa como la realidad fuerte sinónima del yo propio es quizá básica para no caer en la colectividad del concepto de inmanencia. La idea de colectividad es un recuerdo, una nostalgia de la idea de indeterminación. El yo puede disponer e la indeterminación para determinarla en realidades débiles y no desaparecer en esa disposición o indeterminación de lo colectivo. Se explica a través de cómo se entiende la separación en el cuerpo.

El yo propio se da cuenta de sí mismo cuando se entiende como cuerpo. El pre-yo es una virtualidad o una pre realidad que dispongo para comprender una serie de sensaciones o intuiciones y que el yo no recuerda posteriormente. Son más bien especulaciones de un posible origen de un conjunto de sensaciones que se se-paran o se enlentecen conforme se relacionan entre sí por la memoria. Aun así, esa memoria que es origen del tiempo, no ha resultado un yo propio hasta que las sensaciones coinciden en recortar un trozo de espacio en movimiento que responde a un nombre propio. Este escorzo dinámico del espacio tiene dos vías de relación una extrínseca y otra intrínseca. Se suceden al mismo tiempo.

El conjunto de sensaciones de doble vía, extrínsecas e intrínsecas se van enlenteciendo. Si al principio era una corriente de velocidad infinita, poco a poco la velocidad disminuye y aparecen formas, que no son más que detenciones de la sensación, lo que da lugar a esos escorzos extrínsecos e intrínsecos que responden a un nombre propio. Ese nombre propio es a la vez extrínseco e intrínseco, pero la aparición de la realidad fuerte que es el yo surge cuando prevalece el escorzo intrínseco como formador de esa realidad fuerte y entiende a los escorzos extrínsecos como realidades débiles y lentas, detenidas y se-paradas de la realidad fuerte. Una interconexión de realidades basada en escorzos dinámicos en corrientes de doble vía.

El yo propio aparece cuando es fijado el escorzo intrínseco y el extrínseco pasa a ser de las realidades débiles. No es un afuera o un adentro, ya que la vía de interconexión es la misma, solamente es una densificación o  un enlentecimiento de las sensaciones donde le escorzo intrínseco pasa a ser yo/cuerpo. El cuerpo se mira se siente como algo recortado que se comprende mejor ante el espejo. El yo/cuerpo comprende esa realidad que responde al nombre propio e imagina ese recorte dinámico que actúa ante cualquier orden motora que comprueba ante el espejo. El yo/cuerpo ya está en disposición de darse cuenta a través de la separación, del alejamiento de esa disposición para comprenderse como un yo/cuerpo que se da cuenta como realidad del nombre propio.

Una vez que el escorzo se relaciona con el yo/cuerpo se queda en la memoria que forma parte de esta realidad fuerte misma que es el yo cuerpo. Tiempo, yo/cuerpo, memoria pasan a ser sinónimos de la misma realidad fuerte del nombre propio.




El yo/cuerpo como memoria.




La reminiscencia de comprenderse y separarse como disposición de una realidad fuerte del nombre propio es la memoria. Sin esto, el yo no tiene ningún tipo de realidad. Por eso el yo/cuerpo es memoria del ser nombrado como propio. Todo lo visto hasta ahora, las sensaciones, las contracciones, los escorzos, la relación o la interconexión no es nada sin la memoria del yo/cuerpo. La memoria es la relación e interconexión que se enlentece y se-para el ser nombrado que se determina con el nombre. La memoria dispone de la evocación, incluso en el más absoluto alejamiento del escorzo y recorte dinámico, respondiendo a su nombre, más allá de una sucesión en el tiempo. Responde a su nombramiento a velocidad infinita, rememorando en la lejanía, la separación del yo dispuesto de aquel momento en que se fija a la concepción del estímulo al nombre propio.

El yo es tiempo que se-para el momento inicial del darse cuenta durante el trayecto. Pero esa misma se-paración dispone siempre de la capacidad del estar listo a la respuesta de su nombre. Es la memoria inicial que se desdobla.

Así hay dos tipos de memoria la intrínseca y la extrínseca. La memoria intrínseca es la primera que se da cuenta de la realidad del yo como nombre propio. Ese escorzo dinámico de ida y vuelta se fija en la memoria a la respuesta del nombre y ocupa el espacio para alojar el yo/cuerpo. A partir de este momento el yo/cuerpo se distancia por la memoria intrínseca y se da cuenta de sí mismo. El yo/cuerpo se aleja del entorno y se dispone a manejarse como sí mismo. Comprende que el yo/cuerpo tiene unas sensaciones comunes, pero con el tiempo, el yo/cuerpo olvida estas sensaciones comunes y empieza a entender el cuerpo como fractura y no como separación o vinculación del mismo yo/cuerpo. El cuerpo es el mismo yo que está parado pero que responde a todas las sensaciones conjuntamente con el yo propio que es lo mismo. El entender el cuerpo como algo dividido comprende esa fractura como materia desconectada del yo, lo que en su momento se explicó como materia y forma o res extensa y res cogitans. Algo tan sencillo como no comprender la separación como conexión detenida para evaluar, dirige a la realidad del yo a una fractura difícil de superar cada vez que se avanza en el tiempo.
Con respecto a la memoria extrínseca se trata más bien de la separación o detención de las acciones de interconexión entre las realidades débiles con la realidad fuerte del yo/cuerpo. Con la memoria extrínseca se fijan los escorzos dinámicos de doble vía los intrínsecos ya fijados en la realidad fuerte del yo/cuerpo y los extrínsecos que ahora se limitan en la memoria extrínseca de la realidad fuerte del yo/cuerpo. Esos escorzos extrínsecos se forman como realidades débiles en la memoria extrínseca del yo/cuerpo, donde se contiene la idea de ser realidades débiles que participan o constituyen esa memoria.

La memoria se-para todas las sensaciones, realidades débiles, escorzos, velocidades, lo que permite enlentecer para disponer o dejar listo algo parado. La perspectiva que permite alejarse de lo que está dispuesto, habilita un análisis que es la base de la inteligencia. La inteligencia no es nada sin la memoria aunque esta sí que puede subsistir sin la inteligencia. La inteligencia se basa en tres premisas, capacidad de relacionar, capacidad de construir, capacidad de elegir. Estas tres capacidades de la inteligencia necesita de la memoria. La memoria interviene en la relación entre dos partes, ya que los escorzos o las realidades proceden del enlentecimiento y la se-paración. No se dispone si no se-para y esto es lo que produce la memoria en las realidades débiles y fuertes. Con respecto a la capacidad de construir, la memoria enlentece todas las sensaciones y perspectivas permitiendo el análisis y la función. Ello lleva a la capacidad de establecer líneas básicas de formación, conceptos que se pueden construir y sintetizar a partir del análisis. Las funciones proceden de la capacidad de se-parar o disponer de algo una realidad detenida, para llevar a cabo una construcción sea artística, científica, filosófica o experimental. En la capacidad de elección la inteligencia escoge entre varias premisas memorizadas se-paradas y analizadas desde la perspectiva de la separación, para proceder a elegir la vía más consecuente para cada acción-relación-construcción de la que sea capaz la inteligencia.

Con este planteamiento, la inteligencia aumenta a partir de la memoria. Mientras mayor memoria, hay más inteligencia, ya que aumenta la capacidad de relacionar, de analizar las premisas para construir y la capacidad de escoger, ya que muchas acciones se basan en la cantidad de datos que se puedan manipular para escoger, relacionar o construir.

Por eso, la memoria debe escoger la información. La memoria debería de tener la capacidad de ser ella misma selectiva. En sí misma es pre-inteligente en cuanto puede elegir lo útil o no, además de contener cierta pre capacidad de intuir lo que va  a ser valioso o de qué puede ser necesitado para construir algo o sea dónde se puede establecer un campo de relación construcción o selección. Esta habilidad preselectiva aparecería en la memoria como un proceso de retro avance- Si esa memoria es la del nombre propio, la memoria yo/cuerpo debería de seleccionar todas las sensaciones, escorzos figuras, funciones que se van incorporando durante la conexión extrínseco/intrínseco. Ese almacenamiento selectivo es donde se va a basar la inteligencia para ser capaz de relacionar, construir o elegir dentro del nombre propio. La memoria sería un constante retro avance para evitar caer en el olvido, para encontrar nuevas fórmulas de interpretación para nuevas premisas creativas para la inteligencia.

La memoria como la inteligencia no es algo universal sino es la que establece  el yo del nombre propio. Por tanto, se es inteligente por sí mismo, sin determinismos genéticos ni coeficientes que calculen la capacidad de analizar. En realidad, esta capacidad de analizar no depende de un test sino más bien del concepto de separación en cuanto el yo del nombre propio se-para o se aleja de lo que dispone. No es otra cosa que analizar la información, escorzos detenidos llenos de datos dentro de la memoria, para posteriormente utilizarlos en su momento adecuado por la inteligencia del nombre propio. Por ese motivo ni la inteligencia puede ser medida ni la memoria es una memoria universal, solo pertenece al yo del nombre propio. A mayor memoria mayor inteligencia, ya que esta contiene una mayor base de premisas creativas y de interpretación para elegir, construir o relacionar. Una inteligencia sin memoria supone no tener capacidad de hacer alguna de las tres bases de la inteligencia.

La memoria no consiste solo en la experiencia y el acúmulo de datos que se almacenan. Es una memoria pre-inteligente con avance retroactivo, lo que permite estar revisando los escorzos de un modo continuo. La separación, que es memoria, consiste en eso. En una base contenida que se ve desde una perspectiva, lo que implica que no se pierda la conexión, por lo que retorna a ese contenido. Y la memoria como pre-inteligencia indaga, analiza los datos que tiene a mayor o menor velocidad dependiendo de la necesidad de uso, si es habitual o no. Con los escorzos detenidos y se-parados que se analizan en retro avance, la inteligencia del futuro del yo/cuerpo propio contiene una posibilidad de desarrollarse mucho mayor que la que tiene en el presente o pasado. El tiempo va a favor de la inteligencia a través de la memoria.

Ahora bien, la pregunta es si una memoria pre inteligente y selectiva no es sino un olvido por negatividad, lo que supone analizar la relación de la memoria con el olvido dentro del concepto de separación.




El olvido y la separación.




El olvido se divide en tres formas de olvido el olvido primordial, el olvido secundario y el terciario. El olvido primordial permite que la realidad del yo propio sea un yo y no otro. La separación del escorzo dinámico que forma la realidad separa y deja separado algo sin darse cuenta de ello, pero no lo divide sino que lo enlentece aún más. Las velocidades, que son detenidas en la separación de la realidad, no se detienen en la separación de la separación, el olvido primordial. Estas continúan su camino de velocidades infinitas, pero no por ellas desconectadas, dividas o sin contacto con la realidad. Así la realidad del nombre propio, cuando enlentece una de las velocidades separadas que constituyen el olvido primordial, da lugar a una se-paración a la que se le llama creación. La creación es un enlentecimiento del olvido primordial que se se-para y para formar parte de una realidad fuerte. Esta creación, que en primer término es la creación de la realidad fuerte del nombre propio, puede también ser un darse cuenta de una realidad débil o formar parte de la misma realidad fuerte. La creación sería un enlentecimiento de un vértigo para formar un escorzo, un darse cuenta donde parte del olvido primordial dejaría de ser una separación de lo separado para ser más bien una se-paración simple.

La creación surge del olvido primordial gracias a la memoria preselectiva que se enlaza con la inteligencia. La memoria preselectiva se-para una velocidad del olvido primordial que intuye como posible realidad. Esa realidad que se crea es una intuición preseleccionada por la memoria, para poder ser detenida o parada para estar dispuesta a la inteligencia, como realidad creada. Es la creación de una nueva realidad débil o parte de la realidad fuerte a través de la memoria.

Gracias al olvido primordial yo soy el del nombre propio y no otro yo. Todos los enlentecimiento y paradas que me constituyen suponen el olvido de las otras velocidades, y por lo tanto, no puedo ser otra realidad de la que se-para la memoria para el darme cuenta de mi realidad, la del escorzo dinámico que se fija. Es la primera creación como la realidad fuerte del yo propio auto creado.

El olvido secundario es el reinterpretativo. Una cosa se olvida, algo que se se-para y se detiene como ya listo, si se reinterpreta, toma otra significación y se olvida. Un hecho, una acción una idea o un concepto son un se-parado. Este parado que se analiza desde una perspectiva de alejamiento y análisis puede dar lugar a una nueva reinterpretación del se-parado. Esta idea es interesante ya que se afronta el olvido secundario a través del mecanismo de feedback o retro avance. Ese retro avance permite ver con perspectiva la acción o conceptos del se-parado para avanzar de nuevo como lo mismo o como algo diferente. Por ejemplo, una acción del pasado en la que el yo se sentía culpable por algo puede ser olvidada por el retro avance de la memoria ya que en su reinterpretación de la acción se elimina la culpa debido a que la acción ocurre ahora desde otro prisma de separación. Lo mismo ocurre con las ideas o conceptos. Una idea que se defiende desde una perspectiva puede ser olvidad por su reinterpretación o por lo menos pensada de otra manera. La idea es más difícil de olvidad en el sentido de un olvido secundario, pero al ser reinterpretada y oscurecida, puede que al no ser usada en el retro avance, se pueda olvidar más fácilmente en el olvido terciario.

El olvido secundario a la vez es un olvido activo. La memoria extrínseca de hechos y acciones suele marcar la realidad fuerte de recuerdos muy vividos, afectando incluso a la memoria intrínseca. Es muy difícil de olvidar fácilmente este tipo de hechos. Un olvido terciario lo puede hacer pero puede pasar mucho tiempo hasta que suceda y el olvido pasivo también es imprevisible. Por ello el olvido activo, secundario y reinterpretativo es efectivo para las acciones marcadas y selladas de una realidad fuerte. La memoria de la realidad fuerte permite que los conceptos y las acciones, que son construidas dentro de la misma realidad fuerte, cambio en el sentido solamente desde una perspectiva de separación. La separación del núcleo de la acción y del hecho al alejarse permite un análisis y una rememoración de la misma acción, un volver a vivir la acción y el hecho a través del retro avance. Ello puede incluso conseguir un resultado completamente diferente al anterior conllevando una nueva solución a un problema posiblemente irresuelto para la realidad fuerte del yo del nombre propio.

Otra faceta del olvido secundario es el olvido activo por disminución de la velocidad de retroavance o alteración del trayecto para se-parar algo. Por ejemplo, el yo evita la separación del ya dispuesto se evita una detención, por lo que el feed back no se-para sino que se desvía del camino. El escorzo del ya dispuesto, que es un escorzo dinámico se mantiene en estado latente. El yo considera obliterar el paso del retroavance de la memoria, por alguna razón. Puede que no se considere lo suficiente para el análisis o que puede llevar mucho tiempo ese mismo análisis o que cause algún tipo de disminución en la velocidad de avance.

El olvido terciario se debe a un oscurecimiento de la memoria intrínseca/extrínseca debido a la falta o falla del mecanismo de retro avance, que puede ser nuclear, parcial o total. Es un olvido pasivo. El mecanismo de feed-back hace un barrido constante cada cierto tiempo. Refresca el almacenamiento que ocupa la memoria, precisamente para que no sea un sistema de acumulación sino un sistema de retro avance continuo. Por eso, la memoria como retro avance se mantiene alerta mientras los conceptos sean revisados y mejorados en continuidad. En el olvido terciario, el sistema no abarca todos los conceptos, por tanto puede existir un olvido nuclear o no abarca una comprensión clara de los conceptos, ya que estos son memorizados como almacenamiento y no comprendidos o separados como detención de un ya listo. La comprensión y el análisis del concepto pasa por esa se-paración del concepto que permite ser se-parado como análisis para poder construir sobre este, intuir o relacionar otros núcleos conceptuales o parciales e ir ramificando, construyendo una estructura del nombre propio en base a esa memoria pre-inteligente que se trasforma en inteligente cuando se aplican sus capacidades.

El olvido total es orgánico, cuando la memoria no puede tener su verdadera capacidad de se-paración para detener las velocidades y analizar lo detenido.




La se-paración no es una epojé.




La epojé y la separación son detenciones, enlentecimientos o paradas, pero la diferencia es que la primera afecta a la idea del conocer una realidad y la otra es de donde surge la realidad, la realidad fuerte del nombre propio. En la epojé la realidad de las cosas existe independiente del yo, por tanto es un método de conocimiento basado en una ontología donde el ser es algo material que existe de por sí. Un realismo donde lo real depende del objeto, serían todas las cosas realidades fuertes y no del yo que es la única realidad fuerte. Es un método para diferenciar realidades fuertes, donde incluso el yo se puede dispersar en una no realidad imposible de conocer o conocer dentro de un realismo más ideal. De todas formas, la epojé depende de realidades que se consideran a la vez existentes, sean materiales, ideales o las dos a la vez, pero siempre como realidades fuertes.

La epojé es una meditación, llámese escepsis, serenidad o reducción fenomenológica. Es una meditación que necesita de un enlentecimiento de la velocidad de las realidades que supone el ser de las cosas. Pero hay que tener en cuenta que procede de una capacidad para pensar y analizar las cosas. Aunque sea un yo pensante, este yo es en sí mismo una cosa que piensa, una realidad que está entre otras realidades y no es la única realidad fuerte que interpreta y que se produce por ese enlentecimiento de velocidades.

La epojé podría ser un cambio de actitud hacia el ser/cosa del yo. La detención sobre el yo cosa de una realidad que no termina de ser fuerte, dentro de una ontología realista, material o ideal, podría abocar a una comprensión del yo del nombre propio como constructor de una realidad fuerte. Si se alcanza ese tipo de comprensión la epojé ya debería de ser llamada se-paración, ya que ha habido un suficiente alejamiento para comprender lo que se dispone y está listo para ser comprendido, la realidad fuerte del nombre propio.

La epojé es una puesta entre paréntesis, un vallado de la cosa real, que hay que reducir, eliminar sus capas para entenderla fuera de su contexto, como una cosa misma. La se-paración no se puede sacar de su contexto, ya que este es el del yo del nombre propio. El yo es el que interpreta la cosa, que en realidad forma parte del mismo, es construida por el mismo yo, que por tanto, la separación implica un análisis del contexto donde se produce o se construye la cosa/circunstancia/yo, que son los escorzos dinámicos extrínsecos, interpretados en la memoria y reinterpretados con el feed back de la misma.

El problema del vallado de la epojé es que divide a la cosa en una realidad fuerte y lo que existe se convierte en una suma de realidades fuertes donde el yo propio tiene poco que decir, es una realidad adicional, no la única realidad fuerte. Es difícil que un yo, como estado mental de una cosa pueda vallar, separar o dividir una cosa real y le otorgue una realidad externa solamente conociendo una definición o una forma a través de los sentidos. Siempre que se pretenda conocer esa reducción la cosa terminará siendo una convención universal, desconectada en sí misma del contexto de realidad. Por tanto, se acercaría a una realidad débil, intuida como realidad, que a ser una realidad absoluta. Al ser pensada por un yo, la cosa no es en sí misma cosa, no se puede conocer esa cosa que pasa a ser en sí como diría Fichte. La reducción trascendental de Husserl como epojé es una meditación radical del yo que no deja de ser cosa o fenómeno, casi es lo mismo para Husserl, que no deja de ser pasivo, ya que es un método de conocimiento de una llamada subjetividad trascendental. No es una creación como el concepto de separación, que en la constitución de la realidad del yo, se establece un escorzo de sensaciones cuyo contorno se memoriza y se plasma en lo que será la memoria, como principio conjunto de una realidad fuerte o de la única realidad fuerte la del yo del nombre propio.




Creatividad y separabilidad.




Todo yo es creativo, ya que la separación del escorzo dinámico que compone el yo del nombre propio es una creación. La creación del yo es un componente de la evolución del yo, que es consciente de la separación. Por ello, es muy importante que entienda la relación con la memoria.

La separación como escorzo lleva a la creación como concepto y a la memoria. La separación, al alejarse de lo detenido permite conocer al escorzo a través de la memoria, pero se necesita que sea creado. La memoria debe de ser activa por el retro avance para poder crear. Hay que comprender que el yo a pesar de tener una memoria de almacenamiento, continúa creando al escorzo a través de las sensaciones constantemente. O sea que el proceso de creación de los conceptos es infinito, lo que permite variedad de la forma y del concepto. El yo, con su memoria pre-inteligente permite cambiar los conceptos, solamente en el darse cuenta de la separación, que es alejarse de lo detenido. Esa creación infinita del yo propio, pasa a ser llamada creatividad del yo cuando es capaz de usar la inteligencia en sus tres facetas, relación/intuición, elección y construcción. Usar la inteligencia es el análisis de lo detenido, dentro de las facetas de la inteligencia, que a mayor memoria habrá un mejor uso de la inteligencia y mayor creatividad. La inteligencia basada en el feedback de la memoria permite un replanteamiento, una búsqueda perpetua del concepto dentro del yo que escoge la creatividad como proyecto de vida. La creatividad es la evolución del yo, ya que no sirve de nada la creación como concepto si no se usa la separación entendida como detención, memoria de retroceso e inteligencia en su triple faceta.

La creatividad es un proceso de creación activa del yo propio, que implica tres campos, separación, memoria e inteligencia. La separación como lo ya-dejado o contenido necesita de un contorno. El contorno es aleatorio, un espacio topológico, que implica ser homeomórfico, normomórfico  o dismórfico, con variedades diferenciales también para este contorno. El contorno topológico adquiere su significado a través de la separación. Cuando el escorzo consigue recortarlo con la forma o la nueva forma creada, reconoce un sentido debido a esa memoria de formas, gnemotopología, que mantiene en suspensión la forma con un significado, que permite una relación de la inteligencia. A partir de aquí la inteligencia puede elegir una nueva homeoforma para construir una nueva creación.

La inteligencia del yo propio es plástica, ya que permite que un espacio topológico adquiera nuevos significados, nuevas interpretaciones al modelar yoicamente una nueva topología. La gnemotopología permite esa memoria de formas como una multitud de patrones, que pueden ser editados en cada momento, hacia una nueva interpretación de la forma.

Lo que produce el contenido y el recorte como escorzo es la capacidad de crear un contorno. Todas las sensaciones como variedades diferenciales, son líneas, curvas, rectas o puntos que no encuentran un significado si no es a partir del momento en que el escorzo se detiene y se-para con el fin de encontrar una relación del significado del nuevo espacio topológico diferenciado y se-parado. El contorno es la creación del contenido. El contorno tiene una realidad que se encuentra participando en todas las realidades débiles en las que se encuentra, donde la realidad fuerte las relaciona y por tanto las convierte en realidades se-paradas pero participativas a través del contorno.
Por tanto la creatividad es la creación de un contorno que se relaciona y participa, como un proceso repetitivo de la creación primordial del yo propio. Ese yo propio primero y absoluto como realidad, tiene en común con las otras realidades el proceso de creación. Por eso el contorno es la unidad de participación real conocida de una realidad absoluta con las realidades débiles. De allí que el contorno sea una especie de participación platónica, una metezis, que pertenece a la realidad absoluta del yo propio, donde esa participación realiza, da realidad a otras realidades débiles.

El problema que presenta la separación en la creación es si todos los conceptos que se juntan para dar lugar al escorzo del nombre propio existían antes o no. Ya dijimos que el antes del escorzo no es un problema que se presenta aquí sino el cómo. En este sentido, la separación es un concepto que surge junto con el tiempo/memoria, relación/intuición, inteligencia, elección, construcción, participación, por decir algunos. Es como si esas sensaciones dinámicas que inciden en el escorzo en la vía reciproca extrínseca intrínseca llevarán en un sentido la capacidad de separar y crear todos los conceptos, como una gran eclosión conceptual de la que inmediatamente el yo propio, una vez que se crea a sí mismo, es capaz de desarrollar.

En el contorno se incluyen todos los conceptos que puedan desarrollar la realidad del yo del nombre propio. El contorno es sinónimo de escorzo, pero a la vez de todos los conceptos que se crean para dar lugar al yo propio. El contorno como espacio topológico también contiene el significado del nombre propio, y por tanto, es significado para la creación. Desde este punto de vista, el concepto de separación y todos los conceptos que están implícitos en el contorno, pueden ser desarrollados o deberían ser desarrollados a partir de la creación del contorno o del escorzo dinámico como conjunto de sensaciones y conceptos de fuerzas unidas no de movimiento. La realidad absoluta, el yo propio se crea y a la vez crea realidades débiles capaces de formar conceptos y ser conceptos por ella misma.





Entradas populares de este blog

El yo del nombre propio frente al Estado. Hacia una teoría política de la singularidad

Ontología del Poder y su relación con el Yo del Nombre Propio.

El concepto de mónada en Leibniz