El concepto de adecuación en Suárez y la cosa en sí
Quizá uno de los conceptos más interesantes para una teoría del conocimiento es el de adecuación, explicado ampliamente en la segunda Disputación Metafísica del filósofo español F. Suárez. Ha sido un concepto desvirtuado por los estudiosos de
Explica Suárez en
En principio, Suárez empieza describiendo el criterio de verdad en base al pensamiento de San Agustín explicando que la verdad es aquello que manifiesta lo que es. Esta verdad dentro de una analogía de proporción está tanto dentro del entendimiento como en la misma cosa significada. Con respecto al entendimiento la verdad se encuentra como composición y división o lo que es lo mismo como síntesis y análisis. El entendimiento que quiere conocer la verdad de la cosa, su ser sí mismo dirá más adelante Suárez debe de analizar y sintetizar a la cosa misma. El modo de realizarlo es lo explica detenidamente Suárez, que esa adecuación de solamente la cosa como verdad externa al entendimiento no es suficiente para explicar una verdad significativa.
Suárez expone que hay una opinión extendida que considera que la verdad no se encuentra en el conocimiento o en el acto formal del entendimiento, sino en la cosa conocida como objeto del entendimiento. La verdad entonces es una adecuación del entendimiento que enuncia un concepto objetivo con la cosa como ser real, que incluso el mismo Santo Tomás parece defender en cont. Gentiles lib.I c 59, Durando, Herveo, Soncinas y Iavello.
Durando, dice Suárez, explica que la adecuación no puede ser un acto formal del entendimiento donde se base la verdad, ya que el entendimiento es espiritual y el objeto es algo material. Por tanto, el objeto se comporta adecuadamente, según Durando cuando se representa de un modo objetivo en el intelecto, con lo cual la verdad es una verdad objetiva de su ser objetivo según su ser real, es decir, tal como es la cosa en sí. Si es así, entonces dice Suárez que se establece un juicio verdadero del objeto comparativo entre su acto de ser conocido y su ser real que equivale a una verdad objetiva por denominación extrínseca. Esto quiere decir, en pocas palabras que Durando expresa la verdad de un juicio sobre la cosa por lo que significa objetivamente de un modo externo y no entiende el significado más profundo de esa cosa en sí. Esto es debido a que el término o límite de una cosa es la denotación extrínseca, es decir lo que significa objetivamente, ya que el término limita negativamente algo que no puede ser conocido. Ese algo que no puede ser conocido es per se o por sí mismo, lo que equivaldría a una cosa en sí. Dependiendo de cómo se manifieste la cosa en sí será o no definida como que existe o puede ser su mismo ser real o no. Es aquí donde Suárez difiere con Durando al no considerar la cosa en sí nada más que la manifestación de la representación intencional del ser real.
Para Suárez la verdad de un juicio tanto analítico como sintético que es el de la verdad compleja, consiste en el conocimiento de la cosa en sí tal como es, tal que la adecuación corresponda a lo que es la cosa y a lo juzgado por el acto del entendimiento. No solo lo adecuado pertenece a la cosa objetiva sino que la adecuación es del juicio de la cosa en su esencia, que equivaldría su ser en sí y el mismo juicio del intelecto que coincide con la cosa significada.
Para explicar este asunto Suárez dice que en primer lugar la adecuación como verdad o criterio de conocimiento no equivale a la verdad del objeto como explicaba Durando sino al juicio del entendimiento con el objeto. Ligeros matices que para
En segundo lugar, Suárez empieza a describir la noción de cosa en sí como similitud con la representación de la imagen aclarando la verdad de significación en la proposición verbal. La adecuación en la verdad de significación es la adecuación entre la palabra como significado y la cosa significada. Así cualquier imagen verdadera es semejante y con criterio de verdad en la adecuación inmediata entre la representación de la imagen y la misma cosa representada, sin la necesidad de la cosa en sí. Siendo la cosa en sí lo que pertenece a ella misma, Suárez comprende que la misma definición de la cosa en sí tiene dos caminos, apartarla de la representación, en cuyo caso la misma cosa no posee ninguna cosa en sí con respecto a su ser de existencia o que sea la misma cosa representada. Estas dos líneas de evolución del pensamiento de Suárez serán los que usarán Kant y Fichte para explicar el concepto de la cosa en sí.
Así, el tercer apartado de Suárez en relación a la verdad compleja con respecto a la adecuación explica que la cosa cuando es conocida y representada como verdad no tiene ser objetivo sino que es conforme y adecuada a sí mismo. Es decir, la adecuación por la que es conocido un objeto es inmediata a la cosa representada como es en sí. La verdad es la adecuación de la cosa tal y como es en sí. Ello quiere decir que la cosa en sí representada es la cosa en sí, con lo cual el problema del noúmeno estaba resuelto antes de ser planteado nuevamente por Kant. Si el noúmeno no podía ser conocido por ser la cosa en sí, Suárez explica que la misma verdad representada del objeto es la cosa en sí, idea que usó como base Fichte y los revisionistas del pensamiento kantiano. Claro que habría que introducir el concepto del yo en el pensamiento de Fichte para explicar que la representación del objeto no sería una adecuación sino más bien una construcción.
En cuarto lugar, la cosa en sí no es un ser en sí salvo su existencia misma y ser objeto del entendimiento. De esa forma, explica Suárez con el mismo argumento que presentaría para un Yo de conocimiento Fichte que la cosa en sí en cuanto es objeto del entendimiento es tal como es en sí, y por tanto, puramente en sí la cosa no contiene ser alguno fuera del entendimiento.
Por tanto, para Suárez en contra de lo que explica Durando, la adecuación no consiste en semejanza del ente, ni de la imagen formal como representación sino más bien en una representación intencional que el entendimiento concibe o percibe mediante un acto o juicio la cosa en sí. Esa adecuación es debida a una percepción intelectual y la cosa percibida, donde la cosa conocida es representada o juzgada tal como es en sí. Está claro que una representación intencional no es la mera imagen formal de un ser objetivo, sino que es el significado al que tiende explicar el juicio a través de la percepción intelectual considerando a la representación. De todas formas el ser representativo cuando se dice de la cosa como imagen es debido a su ser extrínseco y no solo a la denotación extrínseca, donde el ser representativo y el la cosa se consideran el ser verdadero, así como cuando el conocimiento percibe el ser representativo o comprende el significado a través de la imagen intencional. Es decir, la comprensión de la cosa con respecto a su imagen puede ser en primer lugar extrínseco en cuanto es una imagen del ser representativo de la cosa y en otro cuando el ser representativo es conocido mediante el juicio como una imagen intencional de la cosa, que es en realidad la cosa en sí.
Ahora bien, en
El problema de la adecuación desde el punto de vista de Suárez es el sentido estático entre el intelecto y la cosa, debido a que todas las cosas y el mismo intelecto ya han sido creadas. Ello implica una acción estática, adinámica de la adecuación, aunque no implica que sea un concepto caduco. En el caso de que la creación no sea estática sino infinita, dentro de un universo de variabilidad ilimitada, donde las partículas continúan siendo creadas, la adecuación permanece vigente en el sentido de que lo nuevamente creado es percibido y comprendido desde la inteligencia o lo creado para ser nuevamente adecuados a sus términos. El acto en sí de la adecuación es tan dinámico como una construcción ya que es una conformidad de elementos que se encuentran. Solamente hay que clarificar que esos nuevos elementos son variables y que la idea de ejemplaridad, es decir, del pensar idealmente una cosa no es cerrada ya que todo lo que abarca el pensamiento es ser. De todas formas, la teoría de la adecuación en una forma de conocimiento para comprender dos ámbitos separados que se fusionan para significar el intento de una verdad, inteligencia y cosa, siendo la cosa múltiple, permitiendo varias definiciones incluso en el pensamiento posmoderno, ya que incluso podríamos hablar de haecceidad mientras se comprenda el sentido y significado de ella a través de la inteligencia, aunque esta se llame por ejemplo pensamiento-cerebro.