El concepto del tiempo en la voluntad de Schopenhauer (IV). El cuerpo es tiempo

5-La objetivación del cuerpo es tiempo

La importancia de conocimiento del sujeto parte de este, no solo de su concepto de lo abstracto, sino de ser individuo como cuerpo. El mundo como representación está mediatizado por la primera objetivación que es el cuerpo, el punto de partida para la intuición y para, posteriormente, profundizar en el pensamiento. El cuerpo es una representación para el sujeto cognoscente, pero sus acciones, sus movimientos suceden por una causa, que como individuo y sujeto de conocimiento comprende que es la voluntad el mecanismo o energía interna la que modula todos los efectos que objetiva el cuerpo. Así, el sujeto comprende que su identidad como individuo y como sujeto es debido a ese cuerpo que, por una parte, es una representación de la intuición del entendimiento como objeto, que por otra a la vez es voluntad en cuanto es la causa del efecto, que son las acciones y movimientos. La voluntad y la acción del cuerpo son uno mismo en cuanto el cuerpo es la objetivación de la voluntad, por lo que es la voluntad convertida en representación. Afirma Schopenhauer que la voluntad es el conocimiento a priori del cuerpo y el cuerpo es el conocimiento a posteriori de la voluntad[1].

Querer y obrar son dos cosas iguales en cuanto es un acto verdadero y auténtico de la voluntad, ya que todo acto o fenómeno o influjo sobre el cuerpo es un influjo sobre la voluntad. Por ello, cada afección al cuerpo es inmediata sobre la voluntad, porque Schopenhauer puede ser el filósofo que más claro explica la identidad entre un concepto metafísico, como es la voluntad y la objetivación de este a través de un objeto, como es el cuerpo representado. De esa forma, el cuerpo no es solo un objeto, sino es parte de la voluntad representada idéntica a ella y por tanto el sujeto de conocimiento en cuanto tiene un cuerpo que es afectado de un modo por los fenómenos es voluntad.

No se puede conocer la voluntad separada del cuerpo, y por tanto no se conoce en esencia sino en los actos que se realizan. Entonces los actos son movimientos que suceden en el tiempo. El tiempo, dice Schopenhauer, es la forma manifestada y fenoménica del cuerpo, donde conocer el tiempo es conocer al cuerpo y a la voluntad idéntica. Sin el cuerpo, y por tanto, sin conocer el tiempo no se puede comprender la voluntad ni representarla, ya que este objetiviza a la voluntad a través de la representación del mundo. El cuerpo, como objetivación de la voluntad, es la representación de ella. Por eso, si en principio esta objetivación es intuitiva, y por tanto, in concreto, la explicación de esta objetivación como la voluntad, ya depende del conocimiento abstracto que vincula un concepto metafísico de profundidad con un concepto intuitivo de superficie a través del tiempo. Es el tiempo la bisagra entre la voluntad y el objeto de representación, nunca completamente pura sino que siendo objeto como cuerpo es asimismo tiempo. Es el tiempo el pliegue de la superficie y profundidad de la voluntad y el cuerpo, aunque la base de este concepto es que mi cuerpo y mi voluntad son una misma cosa y ello lo define Schopenhauer como verdad filosófica y necesaria[2].

La idea de hablar en primera persona del cuerpo sugiere un posible egoísmo en Schopenhauer, un miedo que tiene todos los filósofos e intentan superar de alguna forma. Es la misma limitación de la individualidad que conoce su propio cuerpo, los límites donde se encierran la voluntad, es por ello mismo la necesidad de que exista la filosofía, para poder pensar que el individuo es parte reflexiva de la voluntad y que en su cuerpo se objetiva este concepto necesario, pero a la vez universal ya que también los otros sucede lo mismo. Dice Schopenhauer que nuestro conocimiento está ligado a la individualidad encerrada en unos límites de cada uno de nosotros y este conocimiento está unido a la realidad del cuerpo que tiene para nosotros que es lo mas real que conocemos. El análisis individual de esta realidad nos debería de conducir a la realidad de la voluntad, siendo el mundo de lo corpóreo, representación y en esencia la voluntad[3].

Si ello es así que cada representación, acción y movimiento de mi cuerpo es esencia la voluntad la condición de cada una de ellas se debe a la voluntad. Mi cuerpo es el fenómeno visible de la voluntad conducido por ella con el tiempo como carácter empírico y a la vez inteligible en cuanto este pertenece al conocimiento abstracto. Por tanto conocer el cuerpo como primer paso de la objetivación e sen primer término un asunto del conocimiento in concreto pero asimismo es conocimiento abstracto en cuanto es tiempo, donde cada acción que afecta a mi cuerpo como tiempo es una acción inmediata de la voluntad expresada en mí como sujeto cognoscente. Esto conduce a que el hombre es determinado en cierta forma con respecto a lo que es su carácter en cuanto es el último término de la voluntad. El carácter del hombre es la cualidad esencial de todo cuerpo orgánico que obra y se manifiesta provocado por un influjo exterior. Pero ese carácter dice Schopenhauer en cuanto es sí mismo no está determinado por lo exterior sino y no es explicable por sus influencias exteriores, con lo cual en último término es la voluntad. Se observa en este apartado la relación del cuerpo orgánico y la corriente interna de la voluntad que es causa del carácter del sí mismo, concepto que parece relacionado con los constructos a posteriori de la psicología de Freud, una meta psicología o más bien una filosofía del ello-voluntad[4].

Si el carácter es en profundidad determinado por la voluntad, lo que sí es explicable son sus manifestaciones externas, ya que representa a la objetivación de ella. Sabemos que estas expresiones son determinaciones plurales del principio individuationis, ahora cuerpo objetivado de la voluntad. Así, este cuerpo está condicionado por el espacio y el tiempo, y solo estas manifestaciones de lo plural se pueden pensar y el tiempo como conocimiento de lo abstracto es lo más profundo que se puede alcanzar para comprender la esencia aunque no pura de la voluntad. Si bien la voluntad como tiempo en sí es presente eterno y continuo, lo cual es difícil de comprender para el sujeto de conocimiento, ya que en realidad no es tiempo, sí que se entiende que la voluntad trasmite una sucesión a la representación una energía de evolución a lo determinado. Si esta idea recuerda al impulso vital de Bergson, la diferencia es que el impulso en sí mismo determinación de la vida y el tiempo como duración, devenir, vital, pero en Schopenhauer, la voluntad es metafísica como concepto abstracto e incognoscible en sí misma. Solo la determinación en cuanto es causa de lo individual espacio y sobre todo tiempo, se puede conocer. Aun así si Bergson llaman duración al impulso vital, Schopenhauer comprende que la verdadera esencia de la realidad es la simultaneidad que hace posible la duración[5].

Sobre esto hablaré el próximo post

[1] Ibíd., pág. , 90
[2] Ibíd., pág. , 92
[3] Ibíd., pág. , 92
[4] Ibíd., pág. , 108
[5] Ibíd., pág. , 24

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