El concepto del tiempo en la voluntad de Schopenhauer (II). La objetivación de la voluntad
3-La objetivación de la voluntad
La materia que supone que las cosas sean objetos nace de la unión del tiempo con el espacio, dice Schopenhauer, y esta posibilidad de coexistencia es a la vez la duración como permanencia de la sustancia aunque se cambie los estados. La materia es tiempo y espacio en cuanto se manifiesta la cualidad o el accidente que se da en el objeto. Consiste en que sea causa o que una acción que da lugar al cambio de la materia se produce en el espacio y el tiempo. La ley de causalidad nos indica los estados del cambio cualitativos de la materia en cuanto manifiesta el espacio y el tiempo, que son expresiones o formas que objetivizan a la voluntad. Estas formas a priori, son entendidas por el sujeto único de conocimiento a través del entendimiento, cuya realidad es sola para él. Este mundo, dice Schopenhauer, solo es para la representación del entendimiento, cuyo objeto primero es el cuerpo. Es el objeto inmediato de conocimiento del sujeto[1].
La materia que se manifiesta a través del espacio y tiempo en una relación causal y expresa un objeto, la materia que se objetiviza a un sujetos no existe sin relación de causalidad, por lo que a un objeto siempre le corresponde un sujeto de conocimiento correlativo, causalidad que por otra parte solo existe en el entendimiento. Los objetos son representaciones condicionadas por ese sujeto de conocimiento al que representa su propio universo de formas y fenómeno u objetos. Estas formas y representaciones que son manifestaciones de la pluralidad están condicionadas por el espacio y el tiempo que dan lugar a un principio individuationis. Ahora bien, si son manifestaciones de la sensibilidad o de la materia cuyas formas a priori son para un entendimiento, el lenguaje de Schopenhauer se acerca a Kant, pero aclara que si bien la cosa en sí es algo que no se puede conocer, la voluntad es como esa cosa en sí kantiana pero está separada completamente del fenómeno, de la materia y de todo objeto ya que estas formas solo son manifestaciones para un sujeto de conocimiento. La voluntad está fuera de estas formas, fuera del tiempo de la sucesión, en aquel presente continuo que en realidad no es tiempo. Aunque exista una pluralidad y multiplicidad de las cosas objetivadas, la voluntad no es influida por nada de esto, ya que en sí misma es una e indivisa, dice Schopenhauer. No hay grados de realidad en la voluntad ya obetivada sea en una piedra o en el hombre, ya que la relación de parte al todo se refiere al espacio. Por ello no hay gradación ni intensidad en la voluntad, aunque ella se objetivice en las representaciones y fenómenos, que en realidad están condicionadas por el espacio y el tiempo. En cambio para Schopenhauer sí que existe una gradación dentro de la objetivación de la voluntad, de lo múltiple en cuanto es la realidad de una representación[2].
Así, la idea es un grado determinado y fijo de la objetivación de la voluntad. Lo que parecería un concepto abstracto dentro del pensamiento schopenhaueriano se convierte en un grado de la realidad fija y determinada de la objetivación de la voluntad. Grados como modelos de las eternas formas que ajenas a lo múltiple, sí en cambio se manifiesten en un sentido platónico no abstracto sino real. En el otro extremo de los grados de realidad se encuentra las fuerzas primeras de la naturaleza, de la materia, que son sus propiedades como la pesantez, fluidez, elasticidad, que viene a ser las manifestaciones inmediatas de la voluntad. Asimismo dentro de los grados superiores de la voluntad aparece la individualidad del hombre en los animales la individualidad se va perdiendo en cuanto se aleja de una escala de seres animados. Ideas fijas e individuales y la individualidad del hombre son los grados más altos de la realidad objetivada de la voluntad mientras que la pérdida de la individualidad de los seres animados y las cualidades primordiales de la materia son los grados más ínfimos de la realidad graduada[3]. En el mundo inorgánico desaparece todo vestigio de individualidad, perdiendo su diferencia singular sin caracteres propios, ya que en el mundo inorgánico la objetivación de la voluntad que se muestra en las cualidades específicas como la pensatez señala una voluntad casi idéntica a sí misma en cuanto no se ha individualizado y que se modifica solamente por los fenómenos exteriores. Por tanto en los grados inferiores de objetivación de la voluntad lo que se trasmite es una falta de individualización que en los grados superiores se va haciendo mas palpable, donde la idea y el hombre alcanzan su máximo grado[4].
Así Schopenhauer explica que la gradación de la voluntad objetivada desde los grados inferiores hasta los superiores, considerándola como la naturaleza, cuya fuerza interior o sus esencia interior que se objetiviza en cada grado es en realidad una idea eterna en el mismo sentido que usa Platón para desarrollar las ideas. La ley natural, dice Schopenhauer, es la relación de la idea a la forma de su manifestación, siendo esta forma la del tiempo, del espacio y de la causalidad. La idea se multiplica en número de fenómenos a través de las formas del tiempo y el espacio siguiendo el orden de la relación de causa y efecto, la ley de la causalidad. Esta ley de la causalidad se relaciona con la permanencia de la sustancia completándose recíprocamente. Así Schopenhauer define el tiempo como la mera posibilidad de determinaciones opuestas en una misma materia y el espacio sería la posibilidad de la permanencia de la misma materia dentro de determinaciones contrarias. Por eso para Schopenhauer la ley de causalidad, que en realidad es la materia, solo tiene sentido en relación con el tiempo y el espacio ya que en sí misma es la posibilidad de la materia como síntesis de las formas del espacio y el tiempo. La voluntad no está sujeta a la causalidad ya que no es materia y solo la determinación lo determinado, la cosa como objeto se puede aplicar la determinación de la forma del tiempo y el espacio. A la determinación de todos los fenómenos se les aplica la ley de la causalidad dentro de esa trilogía de determinación de las formas objetivadas de la voluntad del tiempo, espacio y materia. Por eso la cosa no tiene esencia en sí misma dice Schopenhauer, ya que solo es manifestación visible de la voluntad, siendo esta un concepto metafísico[5].
El próximo día hablaré del espacio tiempo como magnitud y el saber reflexivo en Schopenhauer
[1] Ibíd., pág. 24
[2] Ibíd., pág. 112
[3] Ibíd., pág. 113
[4] Ibíd., pág. 114
[5] Ibíd., pág. 118
La materia que supone que las cosas sean objetos nace de la unión del tiempo con el espacio, dice Schopenhauer, y esta posibilidad de coexistencia es a la vez la duración como permanencia de la sustancia aunque se cambie los estados. La materia es tiempo y espacio en cuanto se manifiesta la cualidad o el accidente que se da en el objeto. Consiste en que sea causa o que una acción que da lugar al cambio de la materia se produce en el espacio y el tiempo. La ley de causalidad nos indica los estados del cambio cualitativos de la materia en cuanto manifiesta el espacio y el tiempo, que son expresiones o formas que objetivizan a la voluntad. Estas formas a priori, son entendidas por el sujeto único de conocimiento a través del entendimiento, cuya realidad es sola para él. Este mundo, dice Schopenhauer, solo es para la representación del entendimiento, cuyo objeto primero es el cuerpo. Es el objeto inmediato de conocimiento del sujeto[1].
La materia que se manifiesta a través del espacio y tiempo en una relación causal y expresa un objeto, la materia que se objetiviza a un sujetos no existe sin relación de causalidad, por lo que a un objeto siempre le corresponde un sujeto de conocimiento correlativo, causalidad que por otra parte solo existe en el entendimiento. Los objetos son representaciones condicionadas por ese sujeto de conocimiento al que representa su propio universo de formas y fenómeno u objetos. Estas formas y representaciones que son manifestaciones de la pluralidad están condicionadas por el espacio y el tiempo que dan lugar a un principio individuationis. Ahora bien, si son manifestaciones de la sensibilidad o de la materia cuyas formas a priori son para un entendimiento, el lenguaje de Schopenhauer se acerca a Kant, pero aclara que si bien la cosa en sí es algo que no se puede conocer, la voluntad es como esa cosa en sí kantiana pero está separada completamente del fenómeno, de la materia y de todo objeto ya que estas formas solo son manifestaciones para un sujeto de conocimiento. La voluntad está fuera de estas formas, fuera del tiempo de la sucesión, en aquel presente continuo que en realidad no es tiempo. Aunque exista una pluralidad y multiplicidad de las cosas objetivadas, la voluntad no es influida por nada de esto, ya que en sí misma es una e indivisa, dice Schopenhauer. No hay grados de realidad en la voluntad ya obetivada sea en una piedra o en el hombre, ya que la relación de parte al todo se refiere al espacio. Por ello no hay gradación ni intensidad en la voluntad, aunque ella se objetivice en las representaciones y fenómenos, que en realidad están condicionadas por el espacio y el tiempo. En cambio para Schopenhauer sí que existe una gradación dentro de la objetivación de la voluntad, de lo múltiple en cuanto es la realidad de una representación[2].
Así, la idea es un grado determinado y fijo de la objetivación de la voluntad. Lo que parecería un concepto abstracto dentro del pensamiento schopenhaueriano se convierte en un grado de la realidad fija y determinada de la objetivación de la voluntad. Grados como modelos de las eternas formas que ajenas a lo múltiple, sí en cambio se manifiesten en un sentido platónico no abstracto sino real. En el otro extremo de los grados de realidad se encuentra las fuerzas primeras de la naturaleza, de la materia, que son sus propiedades como la pesantez, fluidez, elasticidad, que viene a ser las manifestaciones inmediatas de la voluntad. Asimismo dentro de los grados superiores de la voluntad aparece la individualidad del hombre en los animales la individualidad se va perdiendo en cuanto se aleja de una escala de seres animados. Ideas fijas e individuales y la individualidad del hombre son los grados más altos de la realidad objetivada de la voluntad mientras que la pérdida de la individualidad de los seres animados y las cualidades primordiales de la materia son los grados más ínfimos de la realidad graduada[3]. En el mundo inorgánico desaparece todo vestigio de individualidad, perdiendo su diferencia singular sin caracteres propios, ya que en el mundo inorgánico la objetivación de la voluntad que se muestra en las cualidades específicas como la pensatez señala una voluntad casi idéntica a sí misma en cuanto no se ha individualizado y que se modifica solamente por los fenómenos exteriores. Por tanto en los grados inferiores de objetivación de la voluntad lo que se trasmite es una falta de individualización que en los grados superiores se va haciendo mas palpable, donde la idea y el hombre alcanzan su máximo grado[4].
Así Schopenhauer explica que la gradación de la voluntad objetivada desde los grados inferiores hasta los superiores, considerándola como la naturaleza, cuya fuerza interior o sus esencia interior que se objetiviza en cada grado es en realidad una idea eterna en el mismo sentido que usa Platón para desarrollar las ideas. La ley natural, dice Schopenhauer, es la relación de la idea a la forma de su manifestación, siendo esta forma la del tiempo, del espacio y de la causalidad. La idea se multiplica en número de fenómenos a través de las formas del tiempo y el espacio siguiendo el orden de la relación de causa y efecto, la ley de la causalidad. Esta ley de la causalidad se relaciona con la permanencia de la sustancia completándose recíprocamente. Así Schopenhauer define el tiempo como la mera posibilidad de determinaciones opuestas en una misma materia y el espacio sería la posibilidad de la permanencia de la misma materia dentro de determinaciones contrarias. Por eso para Schopenhauer la ley de causalidad, que en realidad es la materia, solo tiene sentido en relación con el tiempo y el espacio ya que en sí misma es la posibilidad de la materia como síntesis de las formas del espacio y el tiempo. La voluntad no está sujeta a la causalidad ya que no es materia y solo la determinación lo determinado, la cosa como objeto se puede aplicar la determinación de la forma del tiempo y el espacio. A la determinación de todos los fenómenos se les aplica la ley de la causalidad dentro de esa trilogía de determinación de las formas objetivadas de la voluntad del tiempo, espacio y materia. Por eso la cosa no tiene esencia en sí misma dice Schopenhauer, ya que solo es manifestación visible de la voluntad, siendo esta un concepto metafísico[5].
El próximo día hablaré del espacio tiempo como magnitud y el saber reflexivo en Schopenhauer
[1] Ibíd., pág. 24
[2] Ibíd., pág. 112
[3] Ibíd., pág. 113
[4] Ibíd., pág. 114
[5] Ibíd., pág. 118