El problema de la imaginación en Deleuze. Los personajes conceptuales: El surfista

El problema de la imaginación en Deleuze recuerda a Kant en sus dos aspectos, reproductivos y productivos, pero con algunas diferencias. En primer lugar hay una imaginación contemplativa en cuanto que es formadora de las síntesis pasiva de la por la imaginación pero sin ser a priori. Si en Kant la imaginación necesita de la actividad de los conceptos para forma una imagen, que posteriormente dará lugar a un esquema, en Deleuze la síntesis se produce por repetición de las síntesis pasiva en una memoria universal ya plegada sobre sí misma, que en cierta forma están relacionadas al tiempo en cuanto son duración en referencia a Bergson. Es decir, existen unos pliegues de la materia que penetran por la vista y su repetición forma las imágenes que se pliegan y luego se despliegan por la síntesis activa del yo, ya que todo está plegado lo orgánico como materia, la memoria como síntesis pasiva que se despliegan en orden a las síntesis pasivas plegadas por la contemplación. Estas síntesis pasivas que se contraen por la contemplación forman unas imágenes o unos hábitos como pliegues que se despliegan por la memoria de un yo activo que ha sido formado por esos numerosos pliegues de contracción de las síntesis pasivas, como múltiples yos de la imaginación. Por eso dice Deleuze que somos contracciones contemplaciones en relación a la formación por la imaginación de estos pliegues o numerosos yos que forman un yo activo solapado con esas síntesis pasivas que lo constituyen como centros de envolvencia. En realidad no es otra cosa que aplicar el pensamiento de Hume con referencia al hábito a nivel de unas síntesis pasivas como contemplaciones que penetran por la vista y que se van plegando gracias a la facultad de la imaginación y constituyen a un yo de yos múltiples plegados. En esta primera forma de ver la imaginación hay que comprender que Deleuze desestima el entendimiento a priori para dejar que el propio hábito de la contemplación de las infinitas síntesis pasivas contenidas en la materia orgánica plegada, den lugar a esas síntesis que la memoria envolvente del yo plegado por aquellas pueda desplegar en las síntesis activas. Por eso este yo existe desde que se contempla, como un yo único que se constituye constantemente y cambia conforme las numerosas contemplaciones y repeticiones de las síntesis pasivas y por lo tanto es duración, tanto de los yos de las síntesis pasivas como el yo activo de la memoria de las síntesis activas que los despliegan.

Por otra parte Deleuze habla de la imaginación en cuanto inventa los personajes conceptuales en el pensamiento-cerebro de la Caoidea Filosofía. Para Deleuze el pensamiento cerebro es la evolución de su filosofía en cuanto ese Yo de contemplación se explica no a través de las facultades comunes de Hume para la experiencia, sino dentro de un plano material-ideal de expresiones atributivas como Espinosa le confiere a la sustancia. Para Deleuze hay dos dimensiones de pensamientos o cortes en el caos de múltiples variabilidades, las antiguas síntesis pasivas, que darán lugar a unos cortes o detenciones en ese caos. En primer lugar, lo que Deleuze llama la opinión que es la formación de la representación para no permitir que la velocidad con que surgen todas esas síntesis pasivas o variabilidades se consigan detener y formar una opinión que frene el caos del pensamiento infinito. Por otra parte, una vez que se ha establecido la opinión, el pensamiento no se conforma con las síntesis de la representación o de las variabilidades. Entonces se establece otra dimensión, como una especie de Yo puro o Espíritu absoluto, (a Deleuze se le ha relacionado con Hegel por esta especie de idealismo que traspasa el materialismo de las variabilidades) a la que Deleuze llama pensamiento-cerebro o el superjeto ya que está más allá de ese sujeto trascendental kantiano o los mencionados yo puro de Fichte o espíritu absoluto de Hegel. Ese superjeto se constituye por unos atributos infinitos en sí pero concretos como son la Filosofía, el Arte o la Ciencia, cuyos modos o elementos en concretos de la Filosofía serían los conceptos. Estos conceptos se mueven según Deleuze en un plano de inmanencia formado por la razón y son creados por el entendimiento. Pero la imaginación es la que inventa un personaje conceptual que es el vehículo del concepto.

Un ejemplo claro de lo que supone un personaje conceptual, para Deleuze es el de Sócrates. Es el nombre propio del platonismo, que practica con los conceptos de Platón a través de los diálogos, sin confundirlo con personajes de diálogo, que aparecen en otros filósofos. Dice Deleuze que es una aptitud de pensamiento del filósofo, que se mueve a sus anchas en el plano de inmanencia, interviniendo en la creación de conceptos[1]. La imaginación del filósofo en este caso Platón crea una figura que vehiculiza los conceptos de sus diálogos, pero que es una creación productiva de ella, para poder comprender mejor su filosofía en el movimiento por el plano de inmanencia. Aclara Deleuze que el personaje conceptual, no es una personificación mítica de ninguna fuerza abstracta, sino que admite un valor filosófico en cuanto que su creador, el filosofo, llega a transformarse o deviene personaje como el Sócrates de Platón, el Dionisio de Nietzsche o el Idiota de Cusa.

El enunciado filosófico necesita de un mensajero y este es el personaje conceptual. Si en un acto de la vida cotidiana, se busca una tercera persona para exponer ese acto de palabra, por ejemplo “te hablo como padre”, en filosofía, ese agente es el personaje conceptual que hace de mediación en el movimiento del pensamiento y no como un enunciado meramente expresado.

Uno de los roles más importantes que manifiestan los personajes conceptuales es la desterritorialización y reterritorialización absoluta del pensamiento. Ellos manejan el mismo pensar diagramáticamente e intensivamente; es decir: piensa dentro de nosotros, es un modo de comportamiento de pensar en un territorio que limita y deslinda como parte del pensamiento particular[2].

Ahora bien, según Deleuze estos personajes conceptuales tienen unos rasgos que los componen, enumerando rasgos cinco diferentes. En primer lugar, habla de rasgos páticos. Exponiendo estos rasgos, los compara entre los personajes conceptuales y los personajes psicosociales, como “el idiota”. En el caso de la filosofía, el idiota es un personaje que se mueve en un plano de inmanencia, con capacidad de pensar por sí mismo o de mutar. “El loco” o “el maníaco” también son personajes conceptuales, pero su paralelismo se establece con la esquizofrenia, ya que según Deleuze la filosofía es esquizofrénica, en cuanto que rompe con las estructuras a las que llama molares, y es fuerza del pensar. Esta esquizofrenia no puede entenderse con una razón psicosocial, como un estado de lo viviente que roba el pensamiento[3].

En segundo lugar existen los rasgos relacionales. Cuando habla Deleuze de la filia, expone un personaje que ayuda al nacimiento de la filosofía. Este es “el amigo”. El amigo tiene rasgos relacionales de rivalidad y pretensión con otros vehículos conceptuales, como son “el rival” o “el pretendiente”, que se relaciona por el concepto necesitado de cuerpo que puede ser “el muchacho”. Esta situación de relación, provoca un deslizarse en otro plano, donde aparece el amor, que es una fuerza del pensar. Sugiere, entonces, que los rasgos relacionales dan lugar a la proliferación y bifurcación de los personajes conceptuales[4].

Existen también los rasgos dinámicos: si antes el pensar de los personajes conceptuales comprendía un dinamismo clásico como el saltar o bailar de los personajes de Nietzsche o Kierkegaard, con las nuevas maneras energéticas de comportamiento, un territorio deportivo, introduce Deleuze nuevas maneras dinámicas de pensar con los personajes conceptuales, como el deslizamiento. El deslizarse de un surfista por la ola o la nieve, es un rasgo ahora actual del personaje, el cual hace que el filósofo, a través de ellos, se deslice entre los conceptos, de un modo dinámico puro, falto de cualquier valor energético deportivo[5].

Los rasgos jurídicos son del personaje conceptual, mientras este pertenezca al pensar trágico, que es una forma de valorar, una ley de justicia valorativa más allá del bien y del mal. Por último, están los rasgos existenciales, donde los filósofos a través de los personajes conceptuales encuentran nuevas formas de vida, que se plasman en sus personajes, como el tonel de Diógenes o Empédocles y su volcán. Según Deleuze en el cuerpo y rostro de los filósofos se observan esos personajes, que les dan un aspecto extraño, como si fueran otras personas.

Ahora bien, la elaboración de un concepto filosófico, dice Deleuze que parte de la necesidad de un personaje conceptual, que lo plasme en un plano, a pesar de los innumerables planos de pensamiento. Entonces, la filosofía remite a una especie de trilogía, para poder ser expresada. Inmanencia, insistencia y consistencia, que no son otra cosa que plano, personaje conceptual y concepto. La expresión de la filosofía necesita de una facultad que pueda hacer una adaptación, una co-adaptación dice Deleuze, de estos tres elementos. Esta facultad es el gusto en la regulación de conceptos.

Por eso Deleuze prosigue dando nombres del pensar a los elementos de la filosofía, exponiendo que la razón es la del trazado del plano, la imaginación es la invención de los personajes conceptuales y el entendimiento es la creación del concepto. El gusto es como la fase previa de los tres elementos de la filosofía, que todavía hay que crear, trazar o inventar. Es el amor por el concepto bien hecho lo que modula esta relación de compromiso, es la potencia de ser concepto[6].

El gusto también está relacionado con lo estético, ya que en realidad el arte es un pensar por afectos y perceptos. Así, los personajes conceptuales se diferencian de las figuras estéticas en que las primeras son potencias de concepto y, las otras son potencias de afectos y perceptos. Unas pertenecen al plano de inmanencia, mientras que las otras están en el plano de composición: noúmeno y fenómeno.

[1] QCP, pág. 66.
[2] QCP, pág. 71.
[3] QCP, pág. 72.
[4] QCP, pp. 72-73.
[5] QCP, pág. 73.
[6] QCP, 78.

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