La serenidad (II)

Los escépticos


El fin de los escépticos o del sistema escéptico de filosofía es la serenidad o tranquilidad de espíritu. Ellos mismo dicen que es un estado de bienestar del alma al que se llega después de lo que ellos llaman la epoce o suspensión del juicio. Para los escépticos la serenidad se consigue comprendiendo que la verdad no existe y que siempre hay dos proposiciones en una argumentación, incluso de fenómenos que pueden ser contrarias.
El problema que plantean los escépticos y en concreto Sexto Empírico, es que hay una angustia en las cosas existentes en cuanto la duda entre la elección de las cosas con respecto a la verdad y a la falso. Ahora bien, el escéptico no es que crea que “nada es verdad” o “todo es falso” sino que no quiere hacer dogma de frases tan totalizadoras como esas[1]. Por eso en cuanto se refiere al dogma habla de “aprobar algo en términos mas o menos generales”, y más concretamente hacer de las cosas no manifiestas asunto de verdad. Conferir a una idea, que no es un fenómeno o que es algo intangible, una propiedad, una forma necesaria de proposición es un dogma para el escéptico. Y esa idea es de la que huye el escéptico. El problema de dogmatizar es que parece que se crean unas líneas o reglas generales de constitución de un sistema. Es decir, para los escépticos la idea de sistema es bastante diferente a un conjunto organizado de dogmas, de verdades que se consideran necesarias, que expresan la organización del todo. Para Sexto Empírico el sistema es “una orientación que obedece a cierto tipo de razonamiento acorde con lo manifiesto y en el supuesto que ese razonamiento nos enseñe cómo es posible imaginar la vida correctamente y que se oriente a lo de ser capaces de suspender el juicio”[2]. El sistema es una disposición para suspender el juicio de los fenómenos y las cosas revelando donde se pueda utilizar la suspensión del juicio. Es lo que ellos llaman una eféctica como la ciencia que estudia la suspensión del juicio y la aporetica como estudio de las proposiciones puestas en un razonamiento.
Ahora bien, el escéptico no acepta la dogmatización en varios campos que él ha elegido. Por ejemplo con respecto a los fenómenos siente la sensación en su imaginación es decir, si el agua está fría no va poner en tela de juicio sensaciones tan claras como esta o como la miel es dulce. Sin embargo sí que puede dudar de su intensidad. Es por ejemplo la afirmación de dulce lo que se investiga o lo que analizan en cuanto que es accidente de la miel y puede mostrarse de varios modos e intensidades. Por eso el escéptico desarrolla lo que llama su sistema desde varios campos como son el de los fenómenos, el de las acciones y pasiones, el de las leyes y costumbres, y por último el de las artes. Para ello emplea el método de la deducción argumentativa con la suspensión del juicio, al que lo llaman tropo. Sexto Empírico habla de diez tropos o argumentos para canalizar la orientación en contra del dogmatismo de los cuatro campos que habíamos dicho[3].
La crítica hacia los escépticos es el argumento del porqué se establece la angustia en la búsqueda de la verdad, cuando ellos mismos dicen que incluso un argumento como el de “todo es falso” hay algo de verdad. Mientras haya algo de realidad en los argumentos siempre habrá alguien dispuesto a creerlo o hacerlo suyo. Es difícil comprender como sea angustiante el dogmatismo de la verdad como una confusión de las cosas para ver cual está más de acuerdo, según Sexto Empírico[4]. Y para evitar esto y conseguir la serenidad de espíritu el fundamento argumentativo del escepticismo se compone en dos proposiciones opuestas que son igualmente válidas. Ahora bien, si esto nos parece poco servible para lograr una tranquilidad de espíritu por sí sola sí que nos parece interesante como método argumentativo en la actualidad y como introducción de teorías nuevas, ya que supone que las antiguas teorías tanto del arte y de la ciencia o las leyes pueden cambiar bajo una suspensión del juicio, que se convierte en una revisión permanente. Si hay que añadir algún componente mas a la tétrada de campos que presenta Sexto Empírico en relación al estudio sistemático habría que añadir un quinto en la actualidad que es el análisis de los medios.
Ahora bien, lo verdaderamente angustiante no es el dogma en sí, sino la escasa perspectiva del que lo defiende. El dogmático defiende su posición argumentativa por los visos de verdad que cree tener. Más que la angustia es la tristeza de comprender que cualquier traza argumentativa esta cerrado al dogmático e impide el movimiento natural del cambio. Por eso el escéptico comprende la relatividad del argumento de verdad, porque es en realidad una teoría del valor. Los dogmas crean el inmovilismo y a la sazón la quietud. Para Sexto Empírico lo verdadero ni es la apreciación y axioma de una proposición, ni en lo general ni en lo particular, con lo cual la verdad y lo verdadero no existe, pero mas aún es una cosa inútil y superflua[5]. Esto parece a la vez un dogma de los escépticos, pero permite aprehender uan realidad que aparece en el hombre técnico: la verdad de la proposición mediática. Foucault decóa que la realidad epistemológica clásico del hombre pasa a través del lenguaje, que se expresaba en el nombre como representación. En la epistemología actual el lenguaje, para Foucault se expresaría por las flexiones enunciativas del lenguaje, pero en el hombre técnico el lenguaje se ha convertido en proposicional y este adquiere tintes de realidad axiomática. Un titular mediático, por su valor proposicional real para el hombre técnico, que comprende los medios como parte de su organización neuronal externa, no entiende como virtual un titular engañoso o una crónica falaz, sino más bien es una realidad viva completamente asumida. Los medios han sabido comprender la esencia de la epistemología del homo tecnicum, la extensión orgánica neuronal y la han completado con imágenes. Una imagen y una proposición axiomática convertida en titular construyen una realidad por el que se mueve y relaciona el homo tecnicum. Como esta clase de hombre está dominado por la imagen, no tiene capacidad argumentativa, porque no piensa. Esto es lo que dice Heidegger incluso de los filósofos, que no se medita lo suficiente para entender o suspender por algún momento nuestra dependencia a lo técnico. Pero en el hombre técnico lo que existe es una conexión mediática que la red ha incrementado, porque no tenemos tiempo a pensar, porque no tenemos tiempo para nosotros mismos.
Por eso, la epoce que proponen los escépticos es una buena tecnología para el estar-bien y la serenidad. El valor argumentativo de una proposición no depende de la realidad que le confieran los medios sino del resultado de una síntesis que surge de un diálogo interior, y al que posteriormente se le da el valor propio. La ventaja es que siendo un valor sintético y no axiomático, se puede revisar en relación al tiempo, para no dogmatizar y sujetar las posibles derivaciones proposicionales que se pueden extraer de esto. Entonces, para afrontar desde nuestra perspectiva ineludible de homo tecnicum la extracción sintética se extrae del diálogo de varias proposiciones mediáticas y no de una sola. Si lo verdadero no existe, porque muchas veces es un titular vano, lo que nos importa es lo que se acerque más a la serenidad. Y para ello lo que se necesita es tiempo, o por lo menos un mecanismo que nos permita asumir una detención lo suficientemente amplia como para realizar la síntesis de coherencia relacional. Eso en realidad es el kairos, el momento oportuno de la consecución del pensamiento dialéctico sintético revisado y relacional, que no es otra cosa que la aptitud de entender el tiempo

[1] Sexto Empírico, Esbozos prirrónicos libro I, VII
[2] Ibid. Libro I VIII
[3] Ibid. Libro I, XIII
[4] Ibid. Libro I, VI
[5] Ibid. Libro II, VIII

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